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Inicio | Vivienda | Políticas de vivienda para estudiantes de arquitectura. Introducción, 1

Ya estoy en casa

Al llegar a la Sala Riviera (conciertos, amigos) y entrar en su calle (la de la panadería Pallarés de la infancia, que sigue abierta) va sintiendo, un día más, esa forma de amistad de lo vecino. Entra en el portal y sube a su piso, cargada con algo de compra. Es una fría tarde de invierno. La mujer abre la puerta (con su cerradura electrónica, que acaban de instalar en toda la casa). Estaba programada la calefacción (de distrito, también recientemente instalada), y el ambiente es cálido, agradable. Va a su habitación. Se ducha y se pone ropa cómoda. Y ya en el salón enciende el televisor (casi sin voz) y la música (sí: un barullo que le gusta). Por la ventana se ve caer la nieve. Se ha servido una copa de vino y se dispone a hacer la cena, cuando suena el teléfono. Lo descuelga, y a la pregunta del interlocutor, contesta: “Sí, ya estoy en casa”.

Texto basado en la p. 2 del libro de Daniel Torres, La casa. Crónica de una conquista (Norma ed., 2016). Imagen de El Confidencial (iStock), 10-07-2024. 

UNA INTRODUCCIÓN: ENTENDER LA VIVIENDA Y SUS POLÍTICAS.

Introducción, 1: HABLAMOS DE LA VIVIENDA.

Hablamos de la vivienda. Mas, ¿qué es una vivienda? Fijémonos de entrada en tres aspectos. Es un espacio de abrigo, privado y seguro, confortable y expresivo de sus moradores. El refugio donde se come, se guardan las pertenencias y se regresa cada día. Donde se ama y se duerme. Allí se vive y allí nos cuidamos. Permite la individualidad, pero también la familia y el hogar. La identidad y la independencia (“las luchas por la vivienda son siempre, en parte, luchas por la autonomía”). Y condiciona el trabajo y el ocio. Toca así hablar de la privacidad y de sus derivados (de la intimidad, la domesticidad y el confort). Y de las actividades que acoge en su interior (la casa es también un espacio de producción donde se cocina, se limpia, se cuida).

Comentemos ahora su dimensión pública. Pues se ha dicho que, “más que cualquier otro artículo de consumo, la vivienda estructura la forma en que unos individuos interactúan con otros, con las comunidades y con colectivos más amplios (…). Ningún otro bien moderno es tan importante para organizar la ciudadanía, el trabajo, las identidades, las solidaridades y la política”. Porque físicamente se sitúa en un lugar concreto, con una localización precisa. Es parte de un espacio geográfico más amplio que tiene sus límites y su gobierno propio. Hablaremos de la vivienda urbana. La que contribuye a la ciudad y depende de ella, se localiza en un barrio concreto y se vincula a unos servicios que la “nutren”. Se relaciona con las dotaciones. Es un componente clave en la estructura de las ciudades (representa más del 70% del suelo urbano en el mundo). Es el lugar de la reproducción social. Y posibilita la participación en la vida política, económica y social.

Y completemos esta primera aproximación hablando de su función económica, que es crítica para el tema que nos ocupa (la política). La vivienda es “la mayor carga económica para muchos, y para otros una fuente de riqueza, estatus, ganancias o control. Significa trabajo para quienes la construyen, administran y mantienen; ganancias especulativas para quienes la compran y venden; y beneficios para quienes la financian. Es una fuente de ingresos fiscales y un objeto de gastos para el estado”. Todo eso es la vivienda. (Las citas de este apartado pertenecen al libro de Madden y Marcuse, En defensa de la vivienda, cit.). 

 

Entre “La casa” y “El 47”

La casa ofrece abrigo, pero también acoge la memoria viva de sus moradores. “La casa” de Paco Roca (libro) y Álex Montoya (película), es también la manifestación doméstica, el testimonio de los veranos de Antonio y su familia. Una historia conmovedora. “Este muro lo construimos entre todos”. “Parece un pequeño museo etnográfico”. Comer bajo la pérgola. Escribir en el cemento tierno. Arreglar la cisterna el día de tu cumpleaños.

La casa es, tantas veces, testigo de afanes y sudores. Un contenedor de recuerdos. Y de esfuerzos. Como los de Manolo Vital, el protagonista de “El 47” (de Marcel Barrena), para levantar con sus manos el embrión de su vivienda (todavía sin luz, sin agua, jugando con la Guardia Civil: hay que techar por la noche, y así ya no se podrá demoler de inmediato: «una casa techada es un tesoro»). Construyendo a la vez casa y barrio, Torre Baró, con un material muy utilizado en los 70-80: la acción colectiva vecinal. Que también trajo el autobús.

Porque la casa es también un acta notarial de sueños, familias, trabajos, compañeros. 

UNA DEFINICIÓN PREVIA, MUY BUENA, PERO PROVISIONAL.

Ya en su momento, Fernando Ramón lo estableció bien. Se trata -decía- de “todo dispositivo físico que define un espacio con el cual un individuo llega a estar en relación posesiva exclusiva reconocida como tal por la sociedad”. Este arquitecto deseaba modificar el uso habitual del término, sustituyendo “vivienda” por “alojamiento” (palabra, decía, “equivalente en castellano a la inglesa housing y francesa logement”).

No tuvo fortuna: seguimos diciendo vivienda a lo que pretendía que dijésemos alojamiento. Pero la definición, de vivienda o de alojamiento, es perfecta (F. Ramón, Alojamiento, Cambio 16, 1976, p. 13). Eso sí: le añadiríamos inmediatamente, desde el principio, la idea de que ese reconocimiento social de la posesión se hiciese con la suficiente seguridad, suficientes garantías, certeza y protección, al menos a medio plazo. O, dicho de otra forma, que diese suficiente tranquilidad.

Historia de la vida privada hasta la “era posprivacidad”

La evolución de la privacidad en nuestra cultura se estudia en la obra monumental, dirigida por Philippe Àries y Georges Duby, Historia de la vida privada (Madrid, Taurus, 1989; or. francés de 1987. 5 vols.). Realmente parece una historia de la vivienda, desde dentro. Cada capítulo impacta. Pero fijémonos en algo elemental, en este mismo acto: la lectura. Nos dicen Àries y Duby: “La lectura que tiene lugar en la intimidad de un espacio propio sustrae al individuo de la comunidad. Esta `privatización´ de la práctica de la lectura es indudablemente uno de los logros culturales más importantes de la modernidad”.

Pero ¿quién se acuerda ahora de que la lectura es un acto privado y silencioso? Armados del Iphone, no paramos de leer en medio del bullicio. Y de hablar. Pero ya nadie es ingenuo respecto a su privacidad. Hemos entrado en la era postprivacidad y postingenuidad. “En un mundo en que los ordenadores vigilan a los humanos, la privacidad podría ser completamente aniquilada por primera vez en la historia” (Harari). Una red de vigilancia ubicua e invasiva entra en nuestra casa, sin necesidad de mandato judicial.

Seguimos leyendo, sí, con nuestros ojos, probablemente escaneados. Andando, entre más de mil millones de cámaras en circuito cerrado de vigilancia (hay en el mundo más cámaras que viviendas). Hablando, escribiendo, bajo el control de la red siempre encendida. En fin. Lo sabemos. Pero seguiremos especulando sobre la historia de la privacidad, como si no hubiese concluido.

Imagen: de las portadas de dos de los volúmenes citados (Àries-Duby). Y el ojo, de https://maldita.es/malditatecnologia/20230810/que-es-reconocimiento-iris-biometria-ojos/

LO PRIMERO: LA VIVIENDA ES EL COLMO DE LA PRIVACIDAD (O, MEJOR: ERA)

El primer término que resume lo propio de la vivienda, lo singular, la clave inicial de su valor de uso es éste: privacidad. La vida privada. Pues el invento de la vida privada, al modo occidental, fue el que puso en marcha la difusión de la vivienda. Y su necesidad. Porque, aunque sorprenda, hay culturas sin vivienda, en el sentido que todos manejamos. Hay culturas, incluso, sin cobijo. Pero, ya dentro de las “sociedades cobijadas”, la multiplicidad de situaciones es enorme, y en muchos casos no se encuentra la presencia de espacios familiares, o nucleares, como los conocemos hoy. Espacios como la vivienda.

Sin embargo, lo que no hay, según parece, son culturas que no reconozcan la privacidad. Sea cual sea el enfoque que se le dé a este concepto puede observarse cómo todas las sociedades delimitan formas para la práctica de la soledad buscada. Todas las sociedades se han preocupado de responder a esa tensión interna con la organización del espacio, definiendo zonas de inmunidad, ofrecidas al repliegue, “donde uno puede abandonar las armas y las defensas de las que conviene hallarse provisto cuando se aventura al espacio público”. El reposo de la contemplación del fuego… lo diremos luego, al hablar de los hogares.

La necesidad de escapes temporales a la interacción social variará de unas sociedades a otras, pero “la privacidad es un ritual social por medio del cual se le confiere al individuo y a su existencia un título moral. Es una parte esencial dentro del complejo de las prácticas sociales por medio de las cuales el grupo social reconoce que su existencia le pertenece. Es así una precondición de identidad”, que todas las culturas y épocas han protegido, preservando ámbitos donde se encierra lo que poseemos “que no concierne a los demás, lo que no cabe divulgar, ni mostrar, porque es algo demasiado diferente de las apariencias”.

Si atendemos a nuestro entorno inmediato los historiadores nos advierten que en la Edad Media aún no existía en Europa una distinción apreciable entre los espacios públicos y privados, y dominaban las formas de vida comunitaria. Desde entonces se desarrolló, hasta hoy, el retiro y el cultivo de la interioridad, acompañando, más tarde, en los últimos tres siglos, al proceso de alfabetización. Hubo un tiempo en que sólo se leía en voz alta y en compañía de familiares y amigos, pero las nuevas modalidades literarias que se desarrollan en el XVI y se imponen plenamente en el XVIII constituyen un medio fundamental para impulsar el curso de la privatización. Un proceso que desemboca fundamentalmente en el espacio privado, en la vivienda: el colmo, la plenitud de la vida privada. 

 

Culturas sin vivienda y otras viviendas de otras culturas

En un trabajo de hace décadas (A. Rapoport, Vivienda y cultura, Barcelona, G. Gili, 1969; or. americano) pueden verse algunos ejemplos, muy llamativos. Como el de los Boro del Oeste del Amazonas, que viven en grandes casas comunales. O el de la zona del río Sepik, en Nueva Guinea, donde cada persona habita un espacio reducidísimo, el denominado “saco de dormir”. Otro caso, muy curioso, puede verse en Alain Viaro, “Architetture indonesiane: l´isola Nias”, en Spazio e societá.

Y otro ejemplo llamativo más. El de la tribu brasileña de los Mehinacu, con unos usos y costumbres que confieren un espacio mínimo a la privacidad. Viven en casas comunales, pero disponen de reglas de discreción, como la prohibición de dirigir la palabra a quien está tumbado, que con esa posición expresa un cierto deseo de retiro. Lo relata Helena Béjar en El ámbito íntimo (Madrid, Alianza, 1988).

(Imágenes: la portada del libro cit. y https://pueblosindigenas.es/de-colombia/bora)

LA PRIVACIDAD NO SE DESCUBRE: SE DEFINE (CULTURALMENTE).

Conviene insistir en la señal o marca de la privacidad, que caracteriza decisivamente a la vivienda. Porque, repetimos, se trata de un proceso de regulación de límites por el que se planifica la cantidad y calidad de interacción que se dirige a otras personas y se recibe de ellas. Y que, en consecuencia, nos lleva tanto a la evitación como a la búsqueda de interacción. Apertura y clausura. En cada momento la persona tiende a establecer el grado óptimo, tanto de los insumos recibidos de otras personas como de los productos dirigidos hacia ellas. Lo cual quiere decir que se dan problemas de privacidad cuando no se consigue evitar una determinada interacción (cuando se desea el anonimato, o en una situación de hacinamiento), o también si no se consigue una relación deseada (situación de aislamiento).

Es algo coyuntural, cultural, que tiene sus fechas. Precisamente la apreciación de la casa propia, siguiendo con Occidente, coincide con el inicio de las nuevas formas de privacidad. Probablemente fue en el Renacimiento. La imperiosidad de disponer de un techo propio, no producto de la ostentación, sino de poseer “un aposento propio, en el que cobijar ciertas manifestaciones de la existencia individual, para cuya satisfacción se requiere la intimidad” se da, por vez primera, en esa época. Fue entonces cuando cundió la preocupación por la casa, la aspiración a una zona de autonomía en la propia existencia y el aumento del índice de instalación doméstica de la vida humana (manifestaciones, ambas, de la cultura moderna). Witold Rybczynski, en ese precioso libro de 1986, Home A short History of an Idea, nos cuenta que “la aparición de la intimidad en las casa en París y Londres, y poco después incluso en lugares tan remotos como Oslo, fue una reacción casi inconsciente a la evolución de las condiciones de la vida urbana”.

Y si hablamos de los Países Bajos, “donde el interior doméstico del siglo VII evolucionó de una forma (…) ejemplar”, nos señala la importancia de la feminización de la casa en esta evolución que introdujo la domesticidad, ese atributo que “tiene que ver con la familia, la intimidad y una consagración al hogar, así como una sensación de que la casa incorpora esos sentimientos, y no solo les da refugio”.

Cuando toda la vivienda es la litera de arriba

Los muchachos que han llegado, después de diez días de travesía, calzados con cholas o con nada, sin dejar de preguntar por su familia, solo cuentan para descansar con una litera en medio de un antiguo centro colombófilo reconvertido. Sus pocas pertenencias, en el suelo. Ésa es su vivienda. Cien camas por habitación, cuatro aseos para 200 muchachos. Hay más de 80 centros de acogida en las islas Canarias.

Texto de Lucía Mora, e imagen de https://www.elconfidencial.com/espana/islas-canarias/, 13 de julio de 20214.

La soledad en Hart Island

Desde 1875 hasta hoy, Hart Island es el único cementerio público de la ciudad de Nueva York que ha actuado como cementerio temporal durante crisis sanitarias (incluidas les epidemias de gripe española, sida y covid-19). También ha sido lugar de enterramiento para personas sin hogar, pobres, bebés nonatos y cadáveres no reclamados, no identificados o anónimos. En este último sentido Hart Island ha soportado durante mucho tiempo el estigma del anómalo anonimato de muchos neoyorkinos, potencialmente debido a una soledad igualmente anómala: otra epidemia contemporánea, como algunos la han descrito, no sin controversia.

Texto de Juhani Pallasmaa, “Soledad y solitud en arquitectura: extrañamiento y pertenencia en la experiencia existencial”, en R. Rubio y F. Nieto, eds., Arquitectura de la soledad (Eds. Asimétricas, 2024). Imagen de https://gaycitynews.com/.

UNA HABITACIÓN PROPIA (CÓMO NO). LOS BENEFICIOS DE LA SOLEDAD DESEADA.

Dentro de ese espacio privado (la casa, la vivienda) hay otros espacios privados (la habitación). Pues la privacidad, que preserva la intimidad familiar frente a lo público, también debería extenderse hasta el ámbito personal. Es muy conocido el ensayo (titulado precisamente Una habitación propia), en el que Virginia Woolf denunciaba, a principios del siglo XX, la necesidad de que cada miembro de la familia, o del hogar (sea cual sea su composición) debería contar con un espacio propio, privado, que le permitiera el retiro, la soledad y la concentración.

Remedios Zafra expone la evolución de esa habitación en la sociedad interconectada. “Mi primer cuarto propio habla de la infancia y del orden de las cosas”. Todo era, en su casa rural, “espacios comunes o de tránsito”. Salvo los dormitorios. Y buscó un espacio escondido, una “camarilla” (mezcla de trastero y dormitorio provisional) para la soledad. “Al principio el resultado fue muy parecido a los otros dormitorios de la casa, salvo por una máquina de escribir Olivetti y una pequeña mesa rectangular con rejilla”.

Después, la televisión y las estanterías. Llegaron, más tarde, con la edad y los años, otros cuartos propios. “Llegaron otras paredes, ciudades, cristales y muebles diversos. Logré cambiar la máquina Olivetti por un modesto pero asombroso ordenador. Y ahí fue cuando los ceros y los unos llegaron para quedarse. Con la conexión a la Red vinieron infinitas historias y todos sus protagonistas con sus particulares colecciones de cosas propias. Tuve entonces que deshacer mis viejos cuartos, ‘construir y destruir máquinas, identidades, categorías, relaciones, historias del espacio”. Definitivamente, había llegado al cuarto una nueva dimensión. 

Porque la soledad deseada ofrece beneficios. Es verdad que el mejor sitio para la soledad es la naturaleza (en la playa, en la montaña, incluso en el bosque, que es donde se degusta mejor). Pero también la vivienda proporciona buenas experiencias de soledad deseada. Para empezar, aleja de los peligros de la sobreestimulación y disminuye la autoconciencia, otorga el anonimato y ofrece una especial paz interior, porque atenúa la presión social. Ampara la libertad, que es condición previa de otros provechos. La creatividad, por ejemplo. 

El vínculo entre creatividad y soledad es tan ubicuo que se ha convertido en cliché: es fácil imaginarse al científico en su laboratorio, al pintor en su estudio y al arquitecto en su tablero (vale: eso era antes), al muchacho que llena su diario o la joven que aprende violoncello, “con la soledad a cuestas”. Que es también, a la postre, un fenómeno social. “Las ganancias espirituales, religiosas, creativas y artísticas resultantes de las experiencias solitarias han impactado en innumerables movimientos y prácticas sociales” (R. Zafra, Un cuarto propio conectado, Fórcola, 2010). Algo que la casa, deslindando la privacidad, ampara.

¿Flex spaces en la vivienda? ¿Home office?

Hablamos de trabajo de oficina. Y hoy las oficinas reclaman Flex Spaces. Que también pueden constituirse en casa. Unos espacios donde en ocasiones (muchas) se instala el teletrabajo (trabajo a distancia), propio, por ejemplo, de los nómadas digitales, que ejercen en espacios indiferentes y horarios flexibles que les facilitan un mejor equilibrio entre la vida personal y laboral.

Con la expresión home office se alude también al trabajo remoto desde el propio hogar, bien sea por decisión de la empresa o del profesional. Beneficioso para los empleados y, también se apunta, por eliminar los desplazamientos diarios. Pero que lleva a una sensación de aislamiento, por la disminución en la comunicación y colaboración efectiva con los colegas. Y provoca la dificultad para desconectar del trabajo por la falta de separación entre espacio personal y profesional, que puede generar estrés y burnout.

Imágenes procedentes de https://magazine.monapart.com/ y https://www.rdstation.com/blog/

CONVIVENCIA (EN OCASIONES) CON OTROS USOS O ESPACIOS: EL TELETRABAJO EN CASA, POR EJEMPLO.

Pero también en la casa se ha trabajado mucho en compañía. Hasta hace poco los hogares albergaban, en ocasiones, funciones estrictamente laborales de los residentes. En muchos lugares solo recientemente ha emigrado el trabajo de la esfera privada y ha basculado hacia la esfera pública. Y han dejado de coincidir los lugares de trabajo con los de la vida doméstica. “A comienzos del siglo XX, cerca de dos tercios de los franceses, y con toda seguridad más de la mitad, trabajaban en sus casas. Al final del siglo, por el contrario, casi todos los franceses trabajaban fuera de sus casas. Es una transformación decisiva” (Antoine Prost).

Es más. En la industria textil, vestido, calzado, en la óptica, joyería, los comerciantes hacían trabajar a destajo a numerosos obreros y obreras en su domicilio. Y en ese contexto, “¿dónde situar la vida privada de Catherine Santerre?: ¿sobre el talud del camino, cerca de su casa, donde se encuentra en breves momentos con su novio?, ¿en la cama donde duerme, abrumada por el cansancio?, ¿delante de su telar?, pues el trabajo se encuentra totalmente integrado en una esfera privada a la que termina por absorber enteramente: la vida y el trabajo se confunden”. Concretando: “A comienzos de siglo XX, solo los burgueses, propietarios o rentistas ociosos, tenían pleno derecho a llevar una vida privada. Las clases populares en cambio se definían ante todo por el trabajo, y su vida privada debía someterse ante todo a las obligaciones laborales”.

Lo sorprendente es que ahora se asiste, en cierto modo, y en algunos lugares, a un retorno de ese sometimiento. En los últimos años, parte de ese trabajo (exterior) ha vuelto a la casa. La imagen es ahora la del ordenador sobre la mesa. Se ha dicho innumerables veces: la pandemia aceleró algo que ya estaba en marcha, pero de forma mucho más incipiente: el teletrabajo, que en buena parte se desarrolla en el propio domicilio. Lo cual, desde luego, tiene sus implicaciones (para empezar, una exigencia más al diseño de la casa), que no pueden dejarse de lado.

Como tampoco se pueden eludir los trabajos que siempre han estado en casa, y que han formado parte del quehacer doméstico. Ocuparse de la preparación de la comida, de la limpieza, de los cuidados y la atención a los hijos, a los mayores y otras personas a cargo. El cuidado de las mascotas. Llevar el orden de los papeles: todavía en los años 80 no era infrecuente el despacho, en las casas de cierto tamaño. Una producción en casa asumida por sus moradores, al margen del mercado (y bien viene aquí recordar también el trabajo en casa ajena: cuando estos trabajos eran asumidos por otros, por la servidumbre, que perdía la vida privada propia “para pasar a integrarse en la vida privada de sus amos”).

A propósito de estos trabajos ha señalado Branko Milanovic (en su libro Capitalismo, nada más. El futuro del sistema que domina el mundo, 2019) dos procesos recientes relacionados: la atomización y la mercantilización de nuestros hogares. Una atomización que hace referencia al hecho de que nuestras familias se han reducido porque ya no necesitan “internalizar” esas actividades. Cocinar, limpiar, cuidar niños o personas mayores pueden resolverse a través del mercado. Tenemos cada vez menos necesidad (económica) de compartir nuestra vida con otras personas para aprovechar las economías de escala que se obtienen al ser varios en casa. Y permitimos entonces “al mundo exterior colarse en el hogar”, en forma de cenas a domicilio, servicios domésticos de limpieza o cuidados contratados. “El nuevo capitalismo hipercomercializado unifica de nuevo la producción y la familia, pero lo hace incluyendo al hogar en su modo de producción». Mercantilizando la esfera privada.

Pero dejemos ahora esto para referirnos a otra característica propia de la vivienda urbana, que compete al trato de la privacidad con el espacio exterior. Ese espacio frente al que se protege, pero del que no deja de depender. 

Lo que el portal resuelve

Entre el piso y la calle hay una serie de espacios con una función utilitaria. Y también comunitaria. Algunos pensados para la accesibilidad, otros para el registro de los suministros, o el interfono. En ocasiones, un espacio para los útiles de limpieza, las bicis, las basuras. Los buzones. Quizá una sala para las reuniones de la comunidad. Un dispositivo de mediación. Un vestíbulo previo a las viviendas. Un paisaje interior “de enorme energía”. (p. 138, 178 del libro de R. Casado, A. Herrero, J. Suárez y V. Pérez, Lo que no es vivienda en la vivienda social: propuesta sobre una regulación arquitectónica de los espacios anejos; Universidad de Sevilla, 2014). 

El portal es la primera imagen de lo comunitario ante cada vecino o visitante. No es solo el dispositivo de mediación y seguridad, que permite el acceso (…). Es el vestíbulo previo de todas las viviendas (…). El portal resuelve: a) El nexo entre la sociedad y la comunidad. Diafragma de seguridad-privacidad. b) La movilidad y accesibilidad desde la calle a la vivienda (…). c) Conexión y registro de los suministros. Agua, luz, gas. d) Evacuación de aguas residuales y basuras. Arquetas y contenedores. e) Control y comunicación. Interfono. Conexiones teléfono. Correo. f) Posible acceso y continuidad con el espacio libre. g) Abastecimiento y consigna. (…) Por sí mismo, puede aportar los mecanismos que mejoren sus propias prestaciones; postigos, espejos, pizarras, mirillas, rejas, artilugios de comunicación y Protección” (pp. 138-139).

(Imagen procedente de la p. 93 del libro cit., corresponde a 59 viviendas en Trinidad Perchel, Málaga).

LOS BORDES DE LA CASA, LOS UMBRALES Y LOS ESPACIOS INTERMEDIOS.

La imbricación de las esferas pública y privada es atributo de nuestra cultura. Se controla su encuentro mediante umbrales y espacios de transición. Dicho esto sin perjuicio de Agustín García Calvo, cuando advertía: “Uno de los errores principales es la distinción entre vida pública y vida privada: el poder se sustenta sobre esta distinción y haría falta hacer todo lo posible por romper esa separación”.

Un libro de la Escuela de Arquitectura de Sevilla ofrece un estudio completo de estos ámbitos intermedios, de borde entre lo público (la calle) y lo privado (la vivienda). De esos elementos, con estatuto propio, que sirven para ordenar y estructurar la agrupación de viviendas: el portal y los accesos, circulaciones, núcleo de escaleras, ascensor, rellano, galerías, cubierta, espacios libres y de iluminación, patios y patinillos. Además, la fachada, imagen externa de la vivienda de cada edificio, “su máscara protectora y de intermediación social. Formaliza el rango del edificio como colectivo, como el rango privado de la vivienda”.

También es un elemento controvertido el tendedero (en ocasiones las vistas se preservan con celosías ventiladas). La cubierta plana y su potencialidad de usos diversos. El patio y el espacio libre como espacios de uso común. Unos vacíos que “acaban siendo los principales indicadores del grado de convivencia”. Con o sin vegetación, aparcabicis, zonas de juego. La famosa piscina (que da estatus). Los garajes y los trasteros, agrupados. Los locales de la planta baja. Y los locales profesionales. Todo ello supone un conjunto de relaciones entre la vida privada y la vida de vecindad. “Se trata de una prolongación de la vivienda”. Donde a veces todavía se viste con la ropa de casa.

Pero crucemos el umbral y fijémonos ahora en lo que hay fuera.

La ciudad de Engels, para empezar.

La declaración clásica sobre los aspectos político-económicos de la vivienda fue escrita por Friedrich Engels en 1872. En ese momento, pocos discutían el hecho de que las condiciones de vivienda para el proletariado industrial eran insoportables. Lo que Engels denominó “la cuestión de la vivienda” era la cuestión de por qué la vivienda de la clase obrera estaba en tan pésimas condiciones, y qué se debía hacer al respecto. Concluyó: “Mientras el modo de producción capitalista siga existiendo, es una locura esperar una solución aislada de la cuestión de la vivienda o de cualquier otra cuestión social que afecte el destino de los trabajadores”. Para Engels, las luchas por la vivienda eran derivadas de la lucha de clases.

Pero también llama la atención el tipo de cuestiones que se abordan en sus escritos. Escribe al día (“Ayer mismo, 25 de octubre de 1872,…”), pero sigue teniendo gran actualidad. 150 años después se sigue hablando de las infames condiciones de las viviendas en algunos barrios. Escribía: “En 28 pequeñas y miserables habitaciones para 151 personas que viven en la peor miseria”. “Aquí viven “los más pobres entre los pobres, los obreros peor pagados, en compañía de ladrones, maleantes y víctimas de la prostitución, todos mezclados”.

Alquileres: “Por las horribles viviendas próximas al Drury-Lane se pagan semanalmente los siguientes alquileres: dos viviendas en sótano: 3 chelines (1 tálero); una habitación en planta baja: 4 chelines…” Hacinamiento: “Al llegar el agente de policía a la casa, la encontró junto a seis de sus hijos, literalmente amontonados en una pequeña habitación interior, sin muebles”. Duración de los edificios: “Al cabo de cien años, la casa está desgastada, ruinosa, inhabitable”. Las calles: “Son a menudo tan estrechas que se puede pasar de la ventana de una casa a la ventana de la casa de enfrente”. Luz y vivienda interior: “En muchos sótanos entra la luz solo a través de la puerta”.

Las dificultades de acceso. Los obreros peor pagados no podían destinar nada a la vivienda, su salario iba “de la mano a la boca”. Cuando se aplica el saneamiento de barrios “las callejuelas y callejones más escandalosos desaparecen, y la burguesía se jacta ruidosamente de este gran éxito… pero pronto callejuelas y callejones reaparecen en otro lugar, a menudo en la inmediata vecindad”. Los grandes números: “El gobierno pone a disposición de los comisionados un máximo de 50.000 libras esterlinas, con las cuales se puede construir un máximo de 400 cottages, es decir, en 40 años, 16.000 cottages o viviendas para 80.000 personas, como máximo: ¡una gota de agua en el mar!”.

Habla también de subvenciones y préstamos, hipotecas, especulación. De los regímenes de tenencia (“Proudhon proponía transformar a los inquilinos en compradores a plazos”). Expropiaciones y ocupaciones (“Naturalmente, esto no puede hacerse sino mediante la expropiación de los actuales propietarios, por la ocupación de sus inmuebles por los obreros sin vivienda…”). Crítica de la legislación existente (se impone una “revisión de la legislación”).

Con una escritura extraordinariamente desagradable y grosera (¿es necesario ser tan borde?) Engels defiende que “los capitalistas, tomados en conjunto, es decir, el estado, no harán gran cosa”, más que “paliar superficialmente las más terribles consecuencias” del “problema de la vivienda”. Esperar otra cosa “es el lenguaje de los reaccionarios”. Ya conocemos su propuesta. Que también hoy se reformula: “Plantear la cuestión de la vivienda hoy significa descubrir las conexiones entre el poder social y la experiencia residencial. Significa preguntar para quién y para qué es la vivienda, quién la controla”. A quién empodera, a quién oprime. “Significa cuestionar la función de la vivienda dentro del capitalismo neoliberal globalizado”.

(Imagen procedente de www.discoveringbritain.org/content/discoveringbritain/) 

 

Una vieja idea que se vuelve nueva: la ciudad de los 15 minutos.

 Así titulaba un artículo el estudiante Christopher Marco, estudiante de la Universidad pública de Allendale (Grand Valley State University), en Michigan, al analizar la propuesta del profesor de La Sorbona (París) Carlos Moreno, que tanto revuelo ha venido levantado en los últimos años. Y acierta. Porque el requerimiento de que “en una distancia de 15 minutos a pie o en bicicleta, la gente debería poder acceder al trabajo, la vivienda, la alimentación, la salud, la educación, la cultura y el ocio” viene de atrás. No formulado con esa claridad (“a pie o en bici”), pero estaba supuesto.

En efecto. Los estándares de calidad del espacio urbano, en lo que se refiere a la buena distribución de los equipamientos se vienen planteando (y en algunos casos, exigiendo legalmente) desde finales del siglo XIX. En nuestro país bastaría con recordar la publicación de Jesús Leal y Luis Cortés, La dimensión de la ciudad (CIS, 1995) para confirmarlo. Lo cierto es que, cuando hay quien sostiene que se trata de una idea nueva destinada a restringir la libertad individual (para Jennie King, directora de investigación y política climática en el Instituto para el Diálogo Estratégico en Londres, las “ciudades de 15 minutos” pretenden “contener a las personas en prisiones al aire libre”), no cabe duda de que hay que seguir insistiendo en lo que ya parecía perfectamente asumido.

(El art. de C. Marco puede consultarse en https://www.governing.com/urban/an-old-idea-thats-new-again-the-15-minute-city). La imagen corresponde al “Plan to Build 15-Minute City for 80,000 People Wins Design Award”, Henning Larsen para Toronto, 2022. 

LO SEGUNDO: PORQUE LA VIVIENDA DE LA QUE HABLAMOS ES INSEPARABLE DE LA CIUDAD

La vivienda no es un bien móvil. Tiene una localización precisa. Incluso si se encuentra en el campo. O incluso aunque se trate de una autocaravana o de un barco en el canal (que se admiten como domicilios válidos en el Padrón). “Los edificios no huyen. Se quedan pase lo que pase, y en su subsuelo reside la memoria que nos pertenece” (Núria Escur). Podríamos decir (abusando algo de las palabras, pero no demasiado) que ambas entidades, vivienda y ciudad, se complementan e interpenetran. La vida privada de la primera no funciona sin la vida pública de la segunda. Que, con sus calles, plazas, espacios públicos, equipamientos y monumentos dan vida y oxigenan las casas.

Lina Bo Bardi lo expresó de una forma tan directa como clara: “Por vivienda también nos referimos a los comercios, escuelas y servicios públicos”. Es algo evidente. En un texto de Zaida Muxí, titulado expresivamente “La ciudad no es sin vivienda y la vivienda no es sin ciudad”, se exponen algunos rasgos de esta íntima vinculación. Para lo cual señala una serie de “criterios de diseño” que, aunque se enuncian para “hacer ciudad” en los nuevos crecimientos, pueden tomarse como signos de calidad para la mejora de lo existente. De hecho, siempre ha sido así (el urbanismo del crecimiento ofreciendo pautas para la reforma). De la morfología urbana, sobre la agrupación tipológica, las densidades, la movilidad, los servicios. Los equipamientos de barrio (la escuela, los parques, los espacios deportivos y los centros de salud), los comercios y otros servicios.

El tipo y estándares de dotaciones y servicios figuran en las leyes urbanísticas, y ha sido objeto de amplio debate hasta fijarse definitivamente. Aunque también importan las garantías. ¿Se puede cortar el suministro de agua por impago? ¿La energía eléctrica? ¿Se puede apagar la luz en las calles? Pero también es relevante en la práctica urbanística. La calidad de vivir, trabajar y relacionarse tiene mucho que ver con las calidades del espacio público, pensado para la autonomía y la socialización. Aceras anchas, generar espacios intermedios entre los interiores y los exteriores, percepción de seguridad.

La dimensión estética y la calidad arquitectónica. Una arquitectura amable y expresiva, que favorezca la apropiación e identificación y (en su caso) el orgullo de vivir ahí. El sentimiento de pertenencia. La vegetación, el arbolado, el agua. Espacios de sombra, pavimentos, mobiliario urbano, suelo permeable, cubiertas verdes. Incluso las actividades de mejora en marcha: el buen uso de las energías, la recogida selectiva de los residuos, la gestión del agua, la renaturalización, la disminución de las emisiones de CO2, construcción reutilizable, sostenibilidad. “En definitiva, pensar la vivienda implica repensar los barrios y las ciudades”.

Recordando corrales y corralas

“También conocidas como ‘viviendas de corredor’, por el corredor o pasillo con el que cuentan. Las viviendas [de corredor] se distribuyen en varias plantas y las interiores se asoman al patio central, verdadero centro neurálgico y testigo de la vida de la comunidad de vecinos allí instalada. Las viviendas interiores también son llamadas cuartos. Las viviendas eran pequeñas, no superaban los 30 m2 y compartían los baños que se situaban al final de corredor”. Hoy, en Madrid, quedan en pie, muy reformadas, unas 500 corralas diseminadas por los barrios de La Latina y Lavapiés sobre todo.

Pérez Galdós las veía así: “No tardaron en encontrarse dentro de un patio cuadrilongo. Jacinta miró hacia arriba y vio dos filas de corredores con antepechos de fábrica y pilastrones de madera pintada de ocre, mucha ropa tendida, mucho refajo amarillo, mucha zalea puesta a secar, y oyó un zumbido como de enjambre. En el patio, que era casi todo de tierra, empedrado sólo a trechos, había chiquillos de ambos sexos y de diferentes edades…»

El texto proviene de unserenotransitandolaciudad.com y de L. de la Cruz, “Qué fue de nuestras corralas?”, en eldiario.es. La cita de B. Pérez Galdós es de Fortunata y Jacinta. La imagen, de “Tradición, cultura e historia: un paseo por los corrales de vecinos de Triana” (elflamencoensevilla.com).

 

Jo soc l’ultima plaça

“He intentat narrar un retall d’una ciutat que, de mica en mica, esborra les històries i els vincles dels seus veïns i veïnes”. Así explica Alba Gómez Gabriel el contenido de su novela (de 2024). La ciudad es Barcelona y la plaza del título, la plaça del Sol del barrio de Gràcia. Lo que se borra, desaparece a marchas forzadas, es un viejo sistema de arrendamiento que a pesar de sus limitaciones (no es fácil lidiar con un casero) parecía garantizar cierta estabilidad a inquilinos con recursos ajustados, con historias diversas de supervivencia.

Uno de los edificios de la plaza (la finca groga), de renta antigua, donde los vecinos conviven con la propietaria de la finca (eso siempre humaniza el trato), cambia de manos: la vieja casera muere y es sustituida por el ubicuo e ineludible fondo de inversión. La Nura (la hija) es va desfer de la propietat familiar com qui es desfà d’un iogurt caducat. Y los vecinos acusan este cambio. Como cuenta la plaza (relatora privilegiada de esta historia) deja de donar forma als seus desitjos. Bueno, es una de tantas transacciones habituales de nuestro tiempo. No pretenden otra cosa que mejorar la productividad de los inmuebles. Ocurren todos los días, y aunque suelen provocar incómodos desplazamientos que complican la existencia de la gente ¿no es acaso lo más racional económicamente?

La imagen, de la Plaza del Sol (Gràcia, Barcelona), proviene de www.bcn.travel.

EL CALOR (Y EN OCASIONES EL DOLOR) DEL BARRIO Y EL VECINDARIO.

Porque, en efecto, más allá del portal, está el barrio. El efecto barrio. El vecindario (entorno social) y el barrio (entorno físico). Donde interaccionan el hogar, el trabajo, la cultura y el entretenimiento, en medio de un cierto grado de mezcla social y de mezcla funcional. Donde, como en la vivienda, se combinan aspectos sociales y espaciales. “Relaciones vecinales no finalistas que emergen a través de la cohabitación en el espacio” (Franquesa). Barrios en los que las viviendas, los comercios y los servicios (escuelas, deportivos, culturales, sociales, de salud), son accesibles a pie y en bicicleta.

La vida privada se abre a la vida pública, incluso en un periodo de debilitamiento de los contactos cara a cara. Hoy, unas redes se intensifican y otras se apagan, desaparecen en el ámbito familiar. Por de pronto, hay una realidad común en los 12 países de la Unión europea: las abuelas han asumido mayoritariamente el cuidado de los hijos de sus hijas. Pero no sólo eso; se forman verdaderos “clanes urbanos” de cooperación entre sus miembros, fundados en la familia y no relacionados con la vivienda común. También la desintegración de una dimensión pública, mantener un sentido de conexión con extraños en un mundo común. En un espacio público cuyo carácter estimula (o reprime) la atención, interés, tolerancia y receptividad. No por diseño, sino como compromiso con la producción continua de un mundo común.

Pero todo puede cambiar. Hablamos de la acción inmobiliaria y la política municipal de mejora urbana. La primera, la “conquista inmobiliaria del barrio”, con su “activación de referentes patrimoniales” (Franquesa, de nuevo), puede verse como intrusión, algo parecido a los ataques medievales a poblaciones costeras. La acción municipal va por otro lado. Atendiendo a la equidad social, las desigualdades socioeconómicas; el tema de la reurbanización del espacio urbano y las fisuras en la infraestructura urbana. Temas que afectan a la vida diaria en barrios segregados socioeconómica y racialmente, incluso al acceso, por ejemplo, a los alimentos frescos (desiertos alimentarios). O a los índices de violencia y criminalidad. Y en paralelo los barrios también varían considerablemente en niveles de cohesión social, confianza en las instituciones y expectativas compartidas.

Como varía la acción cívica colectiva en unos y otros lugares. La demanda de vegetación que no tienda únicamente a lo ornamental (de disfrute pasivo), sino a la intervención activa, a través de momentos de socialización y animación. Barrios donde el habitante se transforma en coproductor del espacio público, partiendo de la autoorganización desde abajo, de forma cooperativa y participativa. Una acción cívica que reclama «la invención de lo cotidiano». En resumen, no está de más considerar ahora la práctica de localización residencial de los huevos hogares, y algunas de sus pautas, relacionadas con el vecindario, así como (un caso frecuente) la de buscar la nueva vivienda cerca de los padres. 

La desigualdad urbana (y los barrios cerrados)

El desfavorecimiento residencial es una situación compleja de carencia de recursos que impide disfrutar de una calidad de vida que la sociedad considera adecuada (F. Arias). Son unos barrios en los que se acumulan factores de vulnerabilidad. Viviendas inadecuadas. Una imagen colectiva de abandono “irremediable”, que crea una situación de estancamiento y a veces de marginalización. Ambiente de economía informal. Falta de recursos en el ambiente familiar. Dificultad para acceder a la formación y el empleo. Falta de apoyo a la vida cultural y asociativa. Un efecto de “barrio en crisis”, que comporta nuevas desventajas.

Los «barrios cerrados», a los que se accede superando los controles privados, reniegan de la ciudad, que solo va con ellos en las ventajas públicas. Las crecientes desigualdades conducen a niveles crecientes de segregación socioeconómica en casi todas partes del mundo. Los niveles de desigualdad y segregación son más altos en las ciudades de los países de ingresos más bajos, pero el crecimiento de la desigualdad y la segregación es más rápido en las ciudades de los países de ingresos altos. Esto está provocando la convergencia de las tendencias de segregación.

Textos procedentes de Urban Socio-Economic Segregation and Income Inequality : A Global Perspective. La imagen corresponde al acceso a una comunidad o barrio cerrado. 

LA INCUESTIONABLE SEGREGACIÓN URBANA

La vivienda define la calidad urbana, y puede también marcar la segregación. Existen en todas las ciudades zonas de privilegio, y segregaciones de todo tipo. Históricamente se observa en la organización urbana de todos los continentes. El sistema de distritos de las ciudades chinas, los barrios separados de las islámicas, las Mietkasernen alemanas, la zonificación de las lavanderías en la zonificación norteamericana, la separación de la población indígena en la fundación de ciudades de las Nueva España, los cinturones sanitarios con que se separaba a la población indígena en la colonización francesa, las “barreras de honorabilidad” de algunas reformas urbanas del XIX de París, el bulevar de frontera de Nueva Orleans.

Las formas de segregación han cambiado en tamaño, forma y tipo de frontera, pero se mantienen. Formándose ciudadelas (enclaves lujosos de profesionales, técnicos o empresarios), áreas gentrificadas, enclaves exclusivos (áreas cerradas de los ricos), urbanizaciones rurales y Edge cities, enclaves étnicos y espacios de exclusión (espacios de la pobreza urbana). En último extremo, se relacionan con las diferencias de renta entre los habitantes de las ciudades. La forma como se establecen los procesos segregativos en relación con las diferencias de renta, pasa por la diferenciación de los precios de las viviendas. Y las nuevas formas de pobreza. No ya la miseria “dickensiana”, sino la destrucción progresiva de las relaciones existentes entre un sector de individuos y el resto de la sociedad.

Como veremos más adelante, el urbanismo y las políticas de vivienda pueden tener un impacto decisivo en estos procesos. Aunque la segregación urbana deriva de las desigualdades y la marginación económica de ciertos sectores de la población, un urbanismo mal planteado puede ser demoledor.

Guerra contra Italia

De acuerdo: lo mejor de este suelto es el título. Pero aclarémoslo cuanto antes: Guerra es una persona, no un conflicto bélico (Guerra y otros vs. Italy). Guerra se llama Anna Maria Guerra. Y nos referimos a una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), del 19 de febrero de 1998. La demanda la presentaron 40 mujeres, vecinas de Manfredonia, un municipio de unos 60.000 habitantes de la Apulia (el tacón de la bota), encabezadas por Anna Maria, contra el Estado italiano. Porque a menos de 1 km. estaba la fábrica química Enichem Agricoltura, altamente peligrosa y contaminante, que las mataba.

La Sentencia 14967/89 alude a los artículos 2 (Derecho a la vida) y 8 (Derecho al respeto de la vida privada) del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Dice Luis I. Gordillo: “En efecto, en este caso el TEDH utilizó el art. 8 (respeto al domicilio) para reconducir una queja que un grupo de mujeres le había planteado (…) en torno al caso de la contaminación y los efectos que producían en ellas y sus familias la actividad de una fábrica química cercana que trabajaba con compuestos calificados como peligrosos, cuya polución repercutía especialmente en su lugar de residencia”.

Es muy expresivo en sus textos el TEDH (la Sentencia puede leerse, con las deliberaciones, en https://hudoc.echr.coe.int/eng#{%22itemid%22:[%22001-58135%22]}). Recuerda que “los atentados graves contra el medio ambiente pueden afectar al bienestar de las personas y privarlas del disfrute de su domicilio de modo tal que perjudique su vida privada y familiar”. Y aprecia, en consecuencia, que el Estado italiano “no cumplió la obligación que le incumbe de garantizar el derecho de los demandantes al respeto a su vida privada y familiar”. La foto de Manfredonia proviene de www.tripadvisor.es.

 

Ya no hay forma alguna de exterioridad 

Emanuele Coccia lo tiene claro y lo explica claramente. Se acabó la privacidad. No solo por la hipervigilancia. Sino también por las determinaciones actuales de nuestra vida. “Estamos en casa en todas partes: todo está habitado o ha sido habitado por el hombre, cada porción del globo se ha transformado en habitación, garaje, cocina, armario, baños cósmicos. Una posible forma de describir el Antropoceno es que el propio planeta se ha convertido en casa. Ya no hay forma alguna de exterioridad, ya no hay forma alguna de alteridad espacial. La ciudad también está acabada por esto: ya no podemos salir de casa (…). La ciudad ha incluido tanto mundo y tanto ‘planeta’ que ya no deja ningún espacio residual. También es posible invertir la perspectiva y decir que la casa misma se ha convertido en un planeta (…). La oposición entre lo local y lo global, así como entre el interior y el exterior, solo puede articularse en términos de oposición entre lo terrestre y lo extraterrestre”.

(El libro de Emanuele Coccia, Filosofía de la casa. El espacio doméstico y la felicidad, Siruela, 2021. La cita es de pp. 154-155. La imagen es de www.lasexta.com/noticias/ciencia-tecnologia/mujeres-hacen-historia-espacio-nasa-programa-primer-paseo-espacial).

DE NUEVO LA PRIVACIDAD, QUE NO DEJA DE EVOLUCIONAR: UN FUTURO ABIERTO, EN MANOS DE LA CIUDAD (Y DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL).

Regresemos ahora, hablando de la segregación, a la privacidad. Pues no es lo mismo estar en un sitio de la ciudad o en otro. Y el juego de las dos instancias de la vivienda (o tres: lo interior, lo exterior y las fronteras) también va modificándose. Hace 130 años los abogados Warren y Brandeis publicaron en la Harvard Law Review un artículo sobre “The right to privacy”, un rotundo alegato a favor del derecho a la vida privada. Reivindicaban ya entonces el derecho de todo individuo a “no ser molestado en aquella esfera de su existencia desprovista de dimensión pública”, una exigencia que se concretaba en un genérico derecho a estar solo.

Y más recientemente, Ana Carmona llama nuestra atención sobre una vis expansiva que, de la mano del mutable devenir de la realidad contemporánea, abre la puerta a la incorporación de nuevos contenidos”, para ese y otros derechos. Una dimensión dinámica que amplía la comprensión del primigenio derecho a la intimidad hacia otros ámbitos conexos. Se trata de “un derecho en crecimiento y expansión”.

Lo que puede observarse en muchos aspectos. Por citar solo uno, entre varios: el secreto de las comunicaciones, por ej., donde Internet sigue siendo “el medio menos seguro jurídicamente”. Y otro más, que aquí importa especialmente “la emergencia de un derecho al disfrute de un (medio) ambiente pacífico, sano y limpio”. Según el Tribunal de Estrasburgo el derecho al domicilio no se limita únicamente al disfrute de un espacio físico que sirve como lugar de residencia. Pues quien habita dicho espacio tiene derecho a gozar tranquilamente del mismo. Dejando fuera (literalmente) injerencias derivadas de la emisión de gases y humos molestos también de la saturación acústica (limitación, por ejemplo, de los vuelos nocturnos en aquellos aeropuertos localizados en las proximidades de zonas residenciales).

Y DE NUEVO LA SEGURIDAD. PORQUE SIN ESTABILIDAD LA VIVIENDA DEJA DE SER UN REFUGIO

Dicho todo lo anterior (con perdón, quizá nos estábamos poniendo demasiado estupendos) conviene retomar lo que decíamos a propósito de esa “relación posesiva exclusiva” con la vivienda (de la definición de Fernando Ramón): que debe darse con la suficiente seguridad, suficientes garantías, certeza y protección.

Porque, volviendo al texto de Madden y Marcuse que citábamos al comienzo, “cada vez hay más personas que no sienten sus propias viviendas como su hogar. El hacinamiento, el desplazamiento, la desposesión, las personas sin hogar, el acoso, la falta de reparaciones y otros sufrimientos son cada vez más frecuentes” Los autores apelan a un término clásico, alienación, para expresar esta sensación de extrañamiento, de que la vivienda no se disfruta, se vive con miedo, estrés y ansiedad porque las condiciones son precarias y no tienen las mínimas condiciones de estabilidad y seguridad que se precisan. No garantizan “un acceso estable al espacio habitacional, que debe estar bajo el control de la persona que reside en él”.

Y está claro que esta inseguridad residencial, que afecta a tanta gente, no es un episodio temporal. Con mayor o menor intensidad ha estado siempre presente. Forma parte (así puede considerarse) del sistema habitacional que conocemos. Y está claro, también, que no es ajeno a esta circunstancia el papel económico que la vivienda tiene, sus condiciones de producción y consumo. Es el tercer aspecto que queremos comentar. Vayamos a ello.

Los valores hedónicos y las viviendas de lujo

El valor hedónico de una vivienda es el que reconoce el beneficio (o perjuicio) de un “activo ambiental” en su precio. El que considera aspectos ambientales que influyen de manera positiva (o negativa) en su valor. Generalmente por el entorno, las vistas y, en ocasiones, la tipología (las sugerentes terrazas en el ático, por ejemplo), o el “prestigio de la marca”, incluso por la “resonancia emocional” que pueda poseer, y que incrementan su atractivo. Se considera crucial para determinar el precio final del inmueble, especialmente cuando se propone la venta a “clientes hedónicos”, que también los hay.

Esos compradores que persiguen “experiencias sensoriales” suelen tener gran capacidad de compra. Muchos latino y norteamericanos, con grandes fortunas. Que hoy están de enhorabuena, pues el mercado de viviendas de lujo (hedónicas al máximo) ha crecido enormemente. Por dar una cifra, en 2023, “cerca del 26% de las viviendas nuevas construidas están destinadas al mercado de lujo” (datos de The Simple Rent). De ellas, en España, el 80% se concentra en Madrid y Barcelona, y luego Ibiza, Costa Brava, Levante, Andorra y Marbella: muy fácil de adivinar. Los precios, siempre medidos en millones de euros (2, 10, 13).

(La imagen es del ático de la promoción Jardines de Velázquez, en Madrid, y proviene de C. Molina y M. Guerra, “Así son las 30 promociones de viviendas de lujo que están transformando el centro de Madrid. Los precios oscilan entre el millón y los 13 millones de euros e impactan en todo el mercado residencial. Latinoamericanos y estadounidenses lideran las compras”, en El País, 22 de septiembre de 2024).

 

Calles y casas y caseros

No está mal recordar cómo era la vivienda en algunas biografías. En la etapa de infancia de quienes ya cumplieron 70, por ejemplo; cuando, de niños, la vida en alquiler era mucho más habitual (todavía en 1950 en España suponía el 51,3%). Era entonces más fácil ver la vida en la calle como prolongación de la vivienda, tal como puede verse en la biografía de Joan Manuel Serrat. Vivía en un entresuelo de 50 m2 en el Poble Sec, y recuerda, por ejemplo, las comidas en largas mesas, en la calle. “En verano, el calor invita a estar más tiempo fuera de casa (…). Corretear por las calles del barrio, especialmente durante la noche, cuando las horas son más propicias a las aventuras callejeras”.

Porque la calle era también la casa. Episodios del fluir entre la vivienda (alquilada) y la calle aparecen con mucha frecuencia en los relatos de vida. Y recuerdos de vivir en casas de alquiler: como Manuel Rivas (calle Marola), o las novelas de F. Aramburu (Los Vencejos, p. 444), Sara Mesa (Un amor, el casero de Petacas, p. 10). 

Pero las historias de alquiler vienen de más atrás. No hará falta referirse al casero Quevedo (menudo pájaro), expulsando al inquilino Góngora. También podemos recordar a Pessoa, “en una habitación vulgar de Lisboa, por la que paga cuatro reales, en un cuarto piso gastado y anónimo”, donde tan sólo cuenta con muebles de alquiler y un baúl como única propiedad.

O el caso de Proust, en París. “Su tía, ‘sin advertirlo’, había vendido la casa, y el nuevo propietario, un banquero, decidió expulsar a los inquilinos” y establecer en el edificio la Banca Varin-Bernier. Los amigos acudieron en su ayuda, y se instaló en “un odioso apartamento amueblado”, en el quinto piso del nº 44 de la Rue Hamelin. Donde, en esa vivienda, “tan modesta e incómoda como exorbitante de precio”, residió hasta su muerte.

(En la imagen, Serrat delante de la calle Poeta Cabanyes, en el Poble-sec. Procede de www.comerciantspoblesec.cat/barri/)

LO TERCERO: LA VIVIENDA ES, ADEMÁS, UN BIEN ECONÓMICO, UNA MERCANCIA. UN BIEN DE CONSUMO EN PRIMER LUGAR.

No debemos olvidar algo evidente: a lo largo de los siglos, la vivienda se alquila, se compra y se vende. Es una mercancía. Con una función económica crítica, como señalábamos al comienzo de este capítulo introductorio. Es un bien de consumo imprescindible, muy diferente de otros bienes de consumo. Porque de entrada no es trasladable (ya lo hemos comentado), está vinculado a una localización concreta, con un vecindario y unos servicios que lo definen, determinan su carácter y condicionan su idoneidad.

Tiene además un largo y costoso proceso de producción, derivado de la complejidad técnica de sus componentes, no solo físicos, también de gestión. En ese coste influyen, de forma decisiva, el propio suelo donde se asienta (que obviamente hace valer su localización, sus servicios y su calidad ambiental), el proceso constructivo empleado (materiales, mano de obra), la calidad del producto (superficie, tipología, equipamientos, acabados). Y una gestión complicada (que generalmente conlleva una financiación externa). Estamos hablando por tanto de un producto caro. Pero en la determinación de su precio final influye también otro aspecto determinante.

La puerta del compartimento se abre de nuevo

Con seguridad, es algo que anida en el alma humana. Lo que cambia antes y después. Leamos a Enzensberger. “La puerta del compartimento se abre de nuevo para dar paso a dos pasajeros más. A partir de este momento varía el estatus de quienes los precedieron. Justo hasta ahora todavía eran intrusos, forasteros; pero en este instante se han convertido de pronto en aborígenes. Ya forman parte del clan de los sedentarios, de los propietarios del compartimento, y, como tales, hacen uso de todos los privilegios que creen que les corresponden. Resulta paradójica la defensa de un territorio ‘ancestral’ que apenas acaban de ocupar; notable la falta de cualquier empatía para con los recién llegados, quienes se ven enfrentados al mismo rechazo y que tienen por delante la misma difícil ceremonia de iniciación a la que tuvieron que someterse sus predecesores; sorprendente el rápido olvido con el que cada cual oculta y niega su propia procedencia”.

Por supuesto, no hablamos de aquellos inmigrantes que, una vez instalados, reclaman el cierre de las fronteras para los siguientes. Tampoco de quienes denuncian el alto precio de la vivienda, pero que, siendo ya propietarios, después de la compra, prefieren que suba el valor de su propiedad. No. Nos referimos a algo extraño y contradictorio que anida en el alma humana: un elemento de distorsión.

Hans Magnus Enzensberger, La gran migración, Anagrama, 1992, p. 16. La imagen proviene de https://www.esmadrid.com/tren-fresa.

PORQUE ES ADEMÁS UN BIEN DE INVERSIÓN: UN ACTIVO ECONÓMICO IMPORTANTE CUANDO LA VIVIENDA SE CONVIERTE EN PATRIMONIO. 

Un bien de inversión igualmente diferente a otros bienes de inversión. Por su durabilidad (se proyecta y construye con una vida útil muy superior a los préstamos que normalmente se requieren para su adquisición) y su revalorización a largo plazo (salvo hecatombes u otros momentos críticos) es un valor refugio. Siempre se ha visto como una inversión segura y rentable, que proporciona a quienes adquieren una vivienda para su disfrute, una estabilidad que no aporta el alquiler (y un valor seguro, de futuro, para sus propietarios, y para sus posibles herederos). Para una inmensa mayoría de estos propietarios es su activo económico más importante.

Y también ha sido siempre (con mayor o menor rendimiento) una inversión segura y rentable para quienes compran con destino al alquiler. Pocas veces tendrán una demanda escasa: a fin de cuentas el alquiler ha sido, históricamente, para la inmensa mayoría de la población, el mecanismo natural para disponer de un alojamiento.

Lo que nos lleva a lo siguiente: a como las peculiares características de esta mercancía configuran los mercados que la mueven. 

Fuera del mercado, en febrero de 2024

Empecemos por la exclusión residencial: “Uno de cada tres hogares en España se encuentra en exclusión residencial, según un estudio” (…..). Pero no acaba aquí. El informe de Clikalia (una empresa española “proptech”, de tecnología aplicada al sector inmobiliario) es contundente, y lleva a este titular: “El encarecimiento hipotecario deja fuera del mercado a más de la mitad de los españoles”. No al 10% ni al 20. La información es de febrero de 2024, cuando la situación de los intereses en los préstamos hacía que el porcentaje de personas que cumplirían con los requisitos de solvencia de los bancos “haya bajado del 73% al 39%”. Pero no es todo. Los jóvenes. Recordemos este titular de El Mundo (2017): “Más del 80% de los jóvenes no puede acceder a una vivienda, ni en propiedad ni en alquiler”.

Hay datos en el Informe de dic. 2023, sobre ‘Prevención y atención de la exclusión residencial: Factores explicativos’, financiado por la Dirección General de Diversidad Familiar y Servicios Sociales del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. También es útil esta información de El País (28-02-2024). O la cit., algo anterior, de El Mundo. 

 

Casting de compradores

Andrea M., profesora de secundaria de 41 años, y Diego L., informático de 39, llevan alrededor de cinco meses buscando un piso para comprar en Madrid (Delicias, Legazpi). Pero, si esos pisos existen, ninguna inmobiliaria se los está enseñando. “La excusa”, explica Andrea, “es que Diego es autónomo y, en opinión de los agentes, no puede acreditar unos ingresos regulares, lo que nos convierte en candidatos no óptimos para pisos que tienen una fuerte demanda”. Poco importa que su entidad financiera se muestre dispuesta a concederles una hipoteca de hasta 200.000 euros.

Para Verónica P., administrativa de 43 años, el sueño de convertirse en propietaria pasa obligatoriamente por abandonar Madrid. “Seguiría viviendo de alquiler en el centro si fuese una opción factible, pero mi actual contrato vence en agosto y la propietaria no está dispuesta a renovármelo” (…), pese a que dispone de ahorros y podría pagar una entrada suficiente: “En Madrid, ahora mismo, la demanda es tan alta y la oferta de buenos pisos tan escasa, que propietarios y agencias te embarcan en un casting de compradores cada vez más arbitrario y exigente. A menos que dispongas de muchísimo dinero, prácticamente tienes que rogarles que te ofrezcan opciones y te las enseñen, porque lo cierto es que creen que van a perder el tiempo contigo”.

Martí M., Barcelona, 39 años. Asegura haber considerado ya alrededor de una treintena de inmuebles en distintos barrios. Su flexibilidad y falta de prejuicios han llevado a los agentes inmobiliarios a los que ha consultado a acusarle de no saber lo que quiere. “Me tratan como si fuese un cliente caprichoso”, dice Martí. Las “presiones” a las que se refiere este funcionario de carrera tienen que ver, por ejemplo, con pisos que se ofrecen a precios “orientativos” pero que suben cuando muestras interés por ellos. “El precio aumenta en cuanto te sientas a hablar de condiciones concretas. El argumento es siempre el mismo: han recibido varias ofertas, pero la inmobiliaria se compromete a interceder en tu favor si tomas una decisión rápida y pagas, claro, la comisión correspondiente”.

Estas historias se cuentan en elpais.com/icon/2024-03-04/propietarios-desaprensivos-e-inmobiliarias-basura-como-comprar-casa-se-convirtio-en-una-pesadilla-kafkiana.html. La imagen: Enseñando un piso de alquiler. Escena de La comunidad. 

A LA VIVIENDA SE ACCEDE DE FORMA MAYORITARIA A TRAVÉS DEL MERCADO, PERO ÉSTE HA SIDO SIEMPRE POCO EFICIENTE (Y ÚLTIMAMENTE CADA VEZ MÁS SELECTIVO).

Ya lo advirtió hace tiempo (en 1944) Karl Polanyi, al señalar los riesgos de permitir que “el mercado dirija por su propia cuenta y decida la suerte de los seres humanos y su medio natural (…), la consideración como mercancía del trabajo, la tierra y el dinero (añadamos aquí la vivienda) es enteramente ficticia (y supone) subordinar a las leyes del mercado la sustancia misma de la sociedad” con los desajustes continuos previsibles.

Y de estos desajustes, a propósito del mercado inmobiliario, da cuenta Carme Trilla en un artículo reciente (de un número monográfico de septiembre de 2024 de elDiario.es) al aludir a lo que califica como la falacia del mercado eficiente: “el mercado no es eficiente en cantidad ni precio, no garantiza el derecho a la vivienda y es desalmado con los vulnerables”. Y advierte: “sin un marco normativo sólido y asumido, la vivienda anda suelta a su aire, favoreciendo a unos cuantos, desde luego, pero dejando tirados en la cuneta al resto y poniendo en riesgo el crecimiento colectivo”.

Es una descripción certera de lo que nos vamos a encontrar. Enseguida hablaremos del derecho y de ese marco normativo deseable, pero antes fijémonos en lo que hace a este mercado (el mercado inmobiliario) tan peculiar y complejo. En lógica coherencia con las características de ese bien básico (la vivienda) que acabamos de comentar.

Como dicen los economistas es un mercado local, segmentado y con una oferta muy poco flexible (inelástica, dicen; y rígida a corto plazo) para una demanda muy estratificada. La oferta requiere un periodo largo y costoso para materializarse y debe responder a una población muy diversa (en cuanto a nivel de renta y estabilidad económica, estructura familiar, cultura de la vivienda). Y la inmovilidad física del producto no facilita precisamente un ajuste geográfico adecuado a los requerimientos de sus futuros moradores.

Todo el proceso está condicionado a las normas de producción y financiación particulares (específicas de cada lugar), y depende a su vez de otro mercado también complejo, el mercado del suelo (que obviamente negocia con el sitio, por así decirlo). Dos mercados, el de la vivienda y el del suelo, que además están fuertemente intervenidos por los gobiernos, con más o menos acierto.

Con estas premisas, y contando con que, como otros mercados (en esto la vivienda no es diferente), tiene como objetivo prioritario el máximo beneficio para sus promotores y gestores (lo que determina básicamente su estrategia y sus previsiones de negocio) no es extraño que, de no mediar otros factores, el resultado final acabe adoleciendo de esa falta de eficacia que señalábamos al principio. No seguramente para promotores y gestores (o no siempre). Pero sí para un segmento significativo de potenciales moradores que buscan vivienda pero no tienen el mínimo nivel exigido de solvencia económica para su participación en este mercado. O para esos otros que, aun siendo solventes, no encuentran lo que necesitan porque la oferta es insuficiente o está mal distribuida.

Es esta doble ineficacia del mercado inmobiliario (para acertar con una estrategia adecuada de inversiones y para proporcionar viviendas a precios asequibles para todos) la que lleva a una gran parte de los implicados en el proceso a reclamar, de común acuerdo, una intervención más activa del sector público, tanto para estimular la producción como para reforzar la demanda. 

Donde no hay acuerdo es en los modos y características que tiene que adoptar esta intervención. Ni sobre cuáles son los motivos que ciertamente la justifican y a quienes beneficia realmente. 

De todo ello vamos a hablar con detalle en las páginas que siguen. Pero completemos antes este tercer aspecto (la vivienda como bien económico) con unos comentarios adicionales para contextualizar el último asunto tratado: la presencia obligada de las administraciones públicas (que es el tema de este libro, no lo olvidemos), y el de los altos precios del producto (su evolución marca desde luego la diferencia a la hora de medir, de favorecer o no su accesibilidad).

La casa que nunca tendré

No da ningún consuelo, es cierto. Pero la actual crisis de la vivienda viene de atrás. Una carta al director de El País, de hace 22 años (5 de abril de 2002) comenzaba así: “Tengo 33 años y todavía vivo en casa de mis padres, seguramente tendré que vivir con ellos hasta los 40 años -o más-, y todo, ¿gracias a quién? Pues a los inútiles e incompetentes políticos que tenemos en España”. Y, algo más adelante, continuaba: “La realidad es demasiado testaruda, y ahí están los datos: Según The Economist, entre 1980 y 2001 el precio de la vivienda en España subió un 726% (en términos nominales) y un 124% en términos reales (descontada la inflación), o, lo que es lo mismo, en España la vivienda subió 6,5 veces más que en cualquier país del mundo”. 

Y también llega una queja sobre el comportamiento político de la población: “Afortunadamente para los políticos, vivo en un país en el que los jóvenes sólo se indignan y manifiestan por cosas tan peregrinas como el descenso de categoría de su equipo favorito, o cosas tan abstractas como la ‘antiglobalización’. Pero esos mismos jóvenes están encantados con tener que vivir con sus padres hasta los 40 años o más. Al parecer, sólo les cabrea que les prohíban el botellón o que se persiga el consumo de éxtasis, ‘Lógicamente’, nunca votan, porque pasan de política; lástima que no se den cuenta de que la política no pasa de ellos”.

Las imágenes no corresponden, como podía esperarse, a manifestaciones sobre la vivienda, sino sobre la reunión del G8 en Génova, en 2002. (La «batalla de Génova», del movimiento antiglobalización. Pertenecen a argentina.indymedia.org). 

UNA INFLACIÓN REITERADA QUE CONSOLIDA UNOS PRECIOS CADA VEZ MÁS ALTOS, CON UNA INCIDENCIA EXCESIVA EN EL PRESUPUESTO DE LAS FAMILIAS.

Los economistas hablan de falta de acuerdo entre la demanda potencial (las necesidades reales de vivienda de la gente, en un momento determinado) y la demanda efectiva (la que corresponde a quienes, con más o menos dificultades, pueden asumir los precios que se ofertan). Y registran la persistencia de esta circunstancia y su evolución en las estadísticas de precios y en el cálculo de su impacto en la renta de las personas o unidades familiares afectadas. Un eufemismo para certificar que la consideración prioritaria de la vivienda como mercancía (y además como elemento de inversión, cuando se adquiere la propiedad) lleva aparejada como efecto indeseado una inflación reiterada y persistente de los precios, con ciclos periódicos de fuerte incremento.

Y que, lamentablemente, esa circunstancia inevitable deja fuera del mercado a un montón (más o menos numeroso, según esos ciclos) de gente con necesidades de alojamiento. Ya lo dejó claro Galbraith (John Kenneth), en más de una ocasión: “Debe aceptarse que el sistema de mercado no proporciona bienes, ni siquiera alojamientos habitables, a los inquilinos de bajos ingresos en ninguno de los países industrializados” (de su libro Un viaje por la economía de nuestro tiempo, 1994).

Galbraith se refiere a los países con una economía desarrollada, derivados del capitalismo industrial que surgió a finales del siglo XVIII; y lo dice cuando ya se habían impuesto las ideas y políticas económicas que nos gobiernan actualmente, y que han agravado las condiciones con que se presenta un problema que debemos entender como parte del ADN del mercado. Pues aunque el problema de la vivienda en general, y éste de los precios en particular, vienen de lejos, se presenta este último (tanto por lo que se refiere al alquiler como a la compra) desde hace algunas décadas con una intensidad crítica.

Desde mediados del pasado siglo se tiene constancia en Europa (por citar un ejemplo concreto, referido a los precios de adquisición de vivienda) de una serie de variaciones de ciclo corto, instaladas en un ciclo largo (que llega hasta hoy), del crecimiento continuado de estos precios. Ciclos cortos destacables fueron los de la segunda mitad de los 80 o el que tuvo lugar entre los años 1998-2000 y 2006, con subidas desorbitadas (desconocidas en años anteriores), que van dejando una impronta permanente (a pesar de desplomes como los de la última crisis de 2008), con unos valores que no se compensan con el crecimiento de la capacidad económica de los hogares. Y así, el alquiler o la adquisición de una vivienda compromete un porcentaje cada vez más alto de las rentas o de la capacidad de endeudamiento de las personas o grupos familiares.

Arquitectura urbana desequilibrada: lápices, zombies, icebergs.

La extrema financiarización del mercado de la vivienda también se advierte en la deriva de la propia arquitectura y morfología urbana, donde se ven emerger las sorprendentes torres lápiz, ahondarse los icebergs de cavernosas casas que se extienden varias plantas por debajo del nivel de la calle. O desfallecer aún más los barrios casi vacíos, zombies (la “tasa de vacancia” en la vivienda ha subido espectacularmente en algunas ciudades). La solidez física, que ha sido durante tanto tiempo uno de los atributos definitorios de la arquitectura, parece desestabilizada con el potencial de las realidades aumentadas y virtuales.

Según Matthew Soules, en su libro Icebergs, Zombies, and the Ultra-Thin: Architecture and Capitalism in the 21st Century (Princeton Architectural Press, 2021), centrado, curiosamente, en la evolución de Florida -con sus centenares de miles de casas embargadas-, Irlanda -y sus urbanizaciones fantasma-, China -sus torres vacías-, y España -todo- considera que la arquitectura está superada por esta situación, se encuentra en “un punto ciego”.

Imagen: Tatsumi Apartment House – Hiroyuki Ito Architects

¿Quién la des-financiarizará?

Como en el viejo trabalenguas infantil. Es posible que el cielo esté enladrillado. Pero es seguro que la vivienda está financiarizada. ¿Quién la des-financiarizará? Silva y Vergara entienden que, además de revertir el papel de los gobiernos, impulsores de la financiarización, pueden arbitrarse medidas de “des-financiarización” de la vivienda. En concreto, el apoyo a las cooperativas de vivienda o los denominados “community land trust”. Pero, sobre todo, “reflexionar sobre cuáles son las herramientas que ofrece el derecho internacional de los derechos humanos (…) a nivel global”. Pues se dispone de la capacidad de establecer “exigencias que vayan más allá de las fronteras de cada país, reconociendo la responsabilidad de los inversores privados y las obligaciones de los agentes financieros (…) para garantizar estrategias de inversión inclusiva”

(Ignacio Silva y Florencia Vergara, La “des-financiarización” de la vivienda: una alternativa ante la crisis habitacional, Techo, Fundación Vivienda, CES Chile, 2022. Disponible en https://ceschile.org/wp-content/uploads/2022/06/enlaCES-08-v2.pdf). Imagen: “Cielo enladrillado en Blanes”, publicado en La Vanguardia, redacción Girona, 24-06-2020.

CON UN AGRAVANTE A DÍA DE HOY: LA FINANCIARIZACIÓN EXTREMA DEL MERCADO DE LA VIVIENDA.

Decimos que el mercado inmobiliario tiene sus peculiaridades pero también evoluciona, como es de esperar, conforme a las pautas y prácticas propias de la economía de su tiempo (del nuestro). Y lo que mejor caracteriza a esta época es el claro predominio que ha adquirido el dinero que circula por el sistema financiero, en detrimento del que se sustenta en la economía productiva. Lo que se entiende como financiarización de la economía. Un proceso con notables implicaciones en el capitalismo contemporáneo, cuyo efecto en el mercado inmobiliario ha sido demoledor.

Un paso más, al priorizar el valor de la vivienda como inversión. A ello se refería la relatora especial designada por la ONU en 2017, cuando advirtió de “los cambios estructurales en los mercados inmobiliario y financieros y la inversión mundial, en los que la vivienda se considera una mercancía, un medio para acumular riqueza y, a menudo, una garantía para los instrumentos financieros que se comercializan y venden en los mercados mundiales”.

Algunas consecuencias de la nueva relación entre lo real y lo virtual son evidentes. Por ejemplo, el papel cada vez más importante de las preventas (la comercialización y venta de viviendas antes de que se haya terminado el edificio). O la inversión selectiva que conduce a reforzar la segregación socioespacial y la fragmentación urbana. “La especulación favorece la construcción de viviendas de lujo, que permiten obtener mayores ganancias, mientras que la de casas de bajo coste, las más necesarias, queda desatendida” (Christoph Schmid, Universidad de Bremen).

Un texto por apartado: 

Ya estoy en casa: Una síntesis muy esquemática, pero útil: Arul Selvan, “What is home? An exploration of Psychological, Emotional and Philosophical contribution to the sense of home”, en linkedin.com/pulse, publicado el 24 de julio de 2023.

HABLAMOS DE LA VIVIENDA: Arien Mack y Pamela Nadell, Home: A Place in the World (NYU Press; ed. de 1993).

UNA DEFINICIÓN PREVIA, MUY BUENA, PERO PROVISIONAL. Como precedente: Fernando Ramón, Ideología urbanística, Alberto Corazón ed., 1974.

Entre La casa y El 47: El libro de Paco Roca, La casa, Astiberri ed., 2015. Y la película El 47 (Marcel Barrena, España, 2024).

LO PRIMERO: LA VIVIENDA ES EL COLMO DE LA PRIVACIDAD (O, MEJOR: ERA): Fernanda Canales, Mi casa, tu ciudad. Privacidad en un mundo compartido (Barcelona, Puente eds., 2021).

Historia de la vida privada hasta la “era posprivacidad”: Philippe Ariès y Georges Duby, Historia de la vida privada (Taurus, 1987-89), 5 vols.

LA PRIVACIDAD NO SE DESCUBRE: SE DEFINE (CULTURALMENTE). Por eso se dice: en construcción. F. J. Matia Portilla y G. López de la Fuente, dirs., De la intimidad a la vida privada y familiar: un derecho en construcción, (Valencia, Tirant lo Blanch, 2020).

Culturas sin vivienda y otras viviendas de otras culturas: Seguimos fieles a Amos Rapoport, Vivienda y cultura (G. Gili, 1972).

UNA HABITACIÓN PROPIA (CÓMO NO). LOS BENEFICIOS DE LA SOLEDAD DESEADA. Aparte de recomendar el propio libro de V. Woolf, un texto reciente interesante: Remedios Zafra, Un cuarto propio conectado (Fórcola, 2010).

Cuando toda la vivienda es la litera de arriba: Izquierdo Escribano, “Trabajadores y literas”, en Mientras tanto, 220, febrero 2023.

LOS BENEFICIOS DE LA SOLEDAD DESEADA: Ch. R. Long y J. R. Averill, “Soledad deseada: una exploración de los beneficios de estar solo”, en R. Rubio y F. Nieto, eds., Arquitectura de la soledad (Eds. Asimétricas, 2024), pp. 155-186.

La soledad en Hart Island: El texto es de Juhani Pallasmaa, cit. Pero sobre Hart Island puede verse esta colección de fotos, especialmente los edificios abandonados: https://www.gettyimages.es/fotos/hart-island

CONVIVENCIA (EN OCASIONES) CON OTROS USOS O ESPACIOS: EL TELETRABAJO EN CASA, POR EJEMPLO. Pedro Martínez Toro, “Ciberespacio y territorio. Una aproximación desde la lectura crítica de un texto de Paul Virilio”, en F. J. Martínez López, Teletrabajo (Universidad de Huelva, 2022), pp. 205-222. (Un libro extraño).

¿Flex spaces en la vivienda? ¿Home office? La guía del nómada digital: el manual práctico que te inspirará y te ayudará a cambiar tu vida y a trabajar viajando (GeoPlaneta, 2020).

LOS BORDES DE LA CASA, LOS UMBRALES Y LOS ESPACIOS INTERMEDIOS. Uno divertido: G. Perec, Especies de espacios (Montesinos, 1999), que está también disponible en la web:  https://uea1arteycomunicacion.wordpress.com/wp-content/uploads/2013/10/perec-georges-especies-de-espacios.pdf

Lo que el portal resuelve: Labarta y J. Pérez Herrera, coords., 9 Visitas domésticas a la modernidad (Universidad de Zaragoza, 2017), pp. 56-58.

LO SEGUNDO: PORQUE LA VIVIENDA DE LA QUE HABLAMOS ES INSEPARABLE DE LA CIUDAD. Carlos Martí, “La vivienda y la ciudad realidades inseparables”, en A&V Monografías 56, nov-dic. 1995.

La ciudad de Engels, para empezar. Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra (Akal Eds., 1976; or. de 1845). Cap. II. “Las grandes ciudades”, pp. 58-109.

Una vieja idea que se vuelve nueva: la ciudad de los 15 minutos. Patxi J. Lamíquiz, José Carpio y Manuel Benito, “Genealogía de la ciudad de 15 minutos: aproximación a los conceptos”, en polired.upm.es/index.php/ciur/article/view/4885.

EL CALOR (Y EN OCASIONES EL DOLOR) DEL BARRIO Y EL VECINDARIO: B. Calderón y L. J. Pastor, “Sobre el concepto de barrio: una aproximación”. En Conocer el Barrio España (Ayuntamiento de Valladolid, 1994).

Recordando corrales y corralas: Santa Cruz Astorqui, Estudio tipológico y estructural de las casas de corredor en Madrid (Tesis doctoral, EU de AT, UPM, 2012). Dedica un apartado a la vida en el corral de vecinos.

Jo soc l’ultima plaça: Segurai Capellades, E. Farré i Olivé y E. Camps i Sala, Les places de Gràcia. Impressions de Josep Buch (Taller d’Història de Gràcia. Centre d’Estudis ed., 2001).

LA INCUESTIONABLE SEGREGACIÓN URBANA: Maarten van Ham, Tiit Tammaru, Rūta Ubarevičienė, y Heleen Janssen, Urban Socio-Economic Segregation and Income Inequality: A Global Perspective (Springer Nature, 2021).

La desigualdad urbana (y los barrios cerrados): Félix Arias Goytre, “El estudio de la desigualdad urbana” (Urbano, 12, 2009).

DE NUEVO LA PRIVACIDAD: UN FUTURO ABIERTO, EN MANOS DE LA CIUDAD (Y DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL). Ana Carmona Contreras, Reseña del libro De la intimidad a la vida privada y familiar… cit., en Revista de las Cortes Generales nº 110, Primer semestre de 2021, pp. 425-436. Presenta una visión sintética.

Guerra contra Italia: European Court of Human Rights, Environment and the European Convention on H. R., puede verse en www.echr.coe.int/documents/d/echr/FS_Environment_ENG.  

Ya no hay forma alguna de exterioridad: Para advertir la evolución, Norbert Elias, La sociedad cortesana (FCE, 1982; or. de 1969), especialmente el cap. III, “Estructuras habitacionales como índice de estructuras sociales”, pp. 60-90.

Y DE NUEVO LA SEGURIDAD. PORQUE SIN ESTABILIDAD LA VIVIENDA DEJA DE SER UN REFUGIO: Alejandra Celi Maldonado, “El derecho a la vivienda: la seguridad jurídica de la tenencia y el papel del Defensor del Pueblo en su garantía”, en Lex Social. Revista jurídica de derechos sociales, vol. 10, nº 1, 2020.

LO TERCERO: LA VIVIENDA ES, ADEMÁS, UN BIEN ECONÓMICO, UNA MERCANCIA. UN BIEN DE CONSUMO EN PRIMER LUGAR. Luca Molinari, Le case che siamo (Nottetempo, Milán, 2016).

Los valores hedónicos y las viviendas de lujo: Una referencia, el muy peculiar libro de Jacobo Armero, Historias de un agente inmobiliario (Lumen 2019), cap. 11 y pp. 172-173.

Calles y casas y caseros: El caso de Serrat: Jaume Collell, Serrat: la música de una vida (Debate, 2024)

PORQUE ES ADEMÁS UN BIEN DE INVERSIÓN: UN ACTIVO ECONÓMICO IMPORTANTE CUANDO LA VIVIENDA SE CONVIERTE EN PATRIMONIO. Adkins, M. Cooper, M. Konings, Vivienda. La nueva división de clase (Lengua de Trapo, 2024).

La puerta del compartimento se abre de nuevo: Un episodio divertido de compañeros de viaje en una diligencia lo cuenta Baron Ch. Davillier, L’Espagne (París, Hachette et Cie, 1874).

A LA VIV. SE ACCEDE DE FORMA MAYORITARIA A TRAVÉS DEL MERCADO, PERO ÉSTE HA SIDO SIEMPRE POCO EFICIENTE (Y ÚLTIMAMENTE CADA VEZ MÁS SELECTIVO). Carme Trilla i Bellart, La Política de Vivienda en la Política Europea Comparada (Fundación La Caixa, 2019). 

Fuera del mercado, en febrero de 2024: Pedro Bueno (ed. lit.), Problemas de acceso al mercado de la vivienda en la Unión Europea (Valencia, Tirant lo Blanc, 2000).

Casting de compradores: Álex de la Iglesia, La comunidad (Carmen Maura, protagonista), España, 2000.

UNA INFLACIÓN REITERADA QUE CONSOLIDA UNOS PRECIOS CADA VEZ MÁS ALTOS, CON UNA INCIDENCIA EXCESIVA EN EL PRESUPUESTO DE LAS FAMILIAS: José García Montalvo, “Vivienda e inflación”, en La Vanguardia, 16 de junio de 2024.

La casa que nunca tendré: «Estadística histórica del precio de la vivienda en España», en https://es.wikipedia.org/wiki/Precio_de_la_vivienda_en_Espa%C3%B1a.

CON UN AGRAVANTE A DÍA DE HOY: LA FINANCIARIZACIÓN EXTREMA DEL MERCADO DE LA VIVIENDA. I. Chena y P. Pedro Biscay, El imperio de las finanzas (2018).

Arquitectura urbana desequilibrada: lápices, zombies, icebergs: Sobre los “edificios lápiz” residenciales en Japón: A. Nicolau, L. Manovel y J. M. de Lapuerta, Penshirubiru. El límite de la vivienda colectiva en Japón (TC Cuadernos, 2021).

¿Quién la desfinanciarizará?: Un proyecto de investigación: Gertjan Wijburg, “The de-financialization of housing: towards a research agenda”, en Housing Studies, Vol. 36, 2021.

UN MERCADO FUERTEMENTE INFLUENCIADO POR LA INTERVENCIÓN DE LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS: DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE POLÍTICA DE VIVIENDA. CCOO Estudios, Gabinete Económico, Cuatro décadas fallidas de política de vivienda, 9 de octubre de 2024, disponible en www.ccoo.es/

UN MERCADO FUERTEMENTE INFLUENCIADO POR LA INTERVENCIÓN DE LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS: DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE POLÍTICA DE VIVIENDA.

Es importante tener esto en cuenta. Cuando hablamos de política de vivienda estamos englobando a todos y cada uno de los mecanismos reguladores de este mercado peculiar, que es el inmobiliario, en lo que atañe a la producción y distribución de la vivienda (el producto mayoritario de este sector). Como periódicamente hay que reiterar, por la machacona insistencia de los defensores de la ideología del libre mercado, no hay mercados libres. Ningún mercado funciona sin la presencia activa de los gobiernos. Lo explica con mucha gracia y tino el economista surcoreano Ha-Joon Chang (en su libro 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo, edición de 2011): “El mercado libre no existe. Todos los mercados tienen reglas y límites que acotan la libertad de elección”. Existen, sí, muchas cosas fuera del mercado, pero cuando están dentro “aceptamos tan incondicionalmente sus restricciones de base que ya no las vemos”. Habría que añadir que, afortunadamente para la sociedad y desde luego para el propio mercado, el inmobiliario no es una excepción. Todo lo contrario, siempre ha contado con una prolija regulación pública.

La gama de actuaciones o políticas posibles (y practicadas por las distintas administraciones) es amplia. Y afecta a ámbitos muy diversos. Pueden ser más o menos intervencionistas, más o menos eficaces. Y con sesgos y orientaciones muy diferentes. Hay políticas de apoyo y estímulo preferente a la producción de viviendas, cuando el déficit de viviendas es el problema principal; y políticas de ayuda a la persona, cuando se persigue asistir a las personas de más bajos ingresos. Políticas activas de promoción de la propiedad o del alquiler. Normas que priorizan la seguridad jurídica de los propietarios de vivienda o normas que defienden unos alquileres asequibles.

Esta variedad es acorde con las circunstancias concretas de cada momento y lugar. Porque también es diverso y cambiante el contexto y el momento en que se producen. No se entienden estas políticas si no las relacionamos con los procesos más generales de cambio social, cultural y económico que conforman nuestro mundo.

Aunque este es un texto sobre las políticas de nuestro tiempo, éstas tienen una historia más amplia. Así que nos ha parecido interesante contar con esquema básico de lo que ha sido la génesis y evolución de estas políticas en los últimos doscientos años, aludiendo al mismo tiempo a la evolución del contexto general en que se desarrollan. Un contexto que estará presente también en los análisis más pormenorizados que hagamos posteriormente.

Dedicamos por tanto el siguiente capítulo a este asunto. Con la consideración previa de un cuarto aspecto que hay que añadir a esta descripción que venimos haciendo de la vivienda. Un aspecto de reciente incorporación, pero de importancia creciente: el reconocimiento de la vivienda como derecho. Sí, un derecho. Esencial, crítico. Cuyo reconocimiento influye sin duda en la consideración que cabe tener sobre la idoneidad y la justicia de cualquiera de las políticas que se promuevan para mejor la eficacia de este mercado.

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