
Rentas de los Hogares en Valladolid y Cádiz (parcial), según se publicó en El País 29-10-2024, procedente del Atlas de INE.
Murcia y Cádiz
Al defender el soterramiento de las vías del tren en Valladolid suele citarse el caso de Murcia. Si se ha hecho allí, ¿por qué no aquí? Aunque quizá pudiese aludirse también a Cádiz. Que, curiosamente, fue uno de los primeros que se hizo y que podría servir como indicativo de los efectos de este tipo de obras. En 1999 se firmó el acuerdo entre Rafael Arias Salgado, ministro de Fomento, Manuel Chaves, presidente de la Junta y Teófila Martínez, alcaldesa de la ciudad. El objetivo fundamental era, según se decía, “finalizar con una división de la ciudad que tiene carácter económico (a un lado se agrupan los barrios más prósperos y al otro las zonas más deprimidas)”. Atención: división económica que se superaría enterrando las vías.
Ciertamente en Cádiz las vías marcaban una frontera clara: a un lado la playa, al otro el puerto. Algo que desde luego no sucede en Valladolid. Ya lo hemos dicho: obsérvese el plano de rentas de esta última ciudad, y dibújese en él la vía del tren: hay azules y amarillos a los dos lados (la Ciudad de la Comunicación, en el lado este y sur de las vías, por ejemplo. O véase también, ya se ha dicho, el sector de Delicias situado entre las calles de San Isidro y Tórtola, donde la renta es superior a la de enfrente, al otro lado de la vía). Por eso en El Día de Valladolid (20-02-2022) se decía que el supuesto “efecto vía” es “descartable”.
Hay quien entiende que, aunque el soterramiento puede tener ciertas ventajas y también ciertos inconvenientes, no solo económicos, sino también urbanísticos e incluso funcionales (depende de cada lugar y cada momento), lo cierto es que el hecho de que las vías estén arriba o abajo no es condición indispensable para reequilibrar los distintos barrios de uno y otro lado. En absoluto. Hay estudios sobre esta cuestión, la de los esfuerzos públicos que deben acometerse para reequilibrar barrios (ver, por ejemplo, el “Programa de Regeneración Urbana de Barcelona”, con el que se pretende “generar inputs de igualdad entre barrios de la ciudad”). Las actuaciones para tal objetivo no son elementales, ni simples. Para nada.
Lo cual se hace patente en el caso de Cádiz. Quitas las vías, y la distribución de rentas, varias décadas después, sigue igual. El ferrocarril no embalsa la riqueza a un lado, de tal forma que si lo eliminas llegará la fortuna al otro lado, como el maná en inundación. ¿Cambiará el 29 de octubre, por ejemplo, por el hecho de eliminar las vías, o habrá que rehabilitar equipamientos y mejorar las condiciones residenciales del área? ¿Y qué pasará con otros barrios con rentas de color rojo?
Sin embargo, el alcalde de Valladolid ha vuelto a repetir, hace unos pocos días, este elemental eslogan: el soterramiento es “el mayor proyecto social de la ciudad”. Pues muy bien: también hace año y medio se pudo leer en El Confidencial, hablando precisamente de Cádiz y de la “frontera invisible del tren”: “El soterramiento acabó con la división física de la ciudad, pero la huella social sigue presente 20 años después”. Y efectivamente, el mapa de rentas de Cádiz, de 2022, es contundente. Sabiendo que los azules expresan mayor renta y los amarillos, naranjas y rojos menor renta, ¿puede adivinar el lector o lectora por dónde corría el tren en 1999? Exacto: acertó.