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Inicio | Valladolid | Impulsar la mancomunidad: la mano común.

El Pisuerga en Simancas. Agosto de 1997. Foto: Henar Sastre.

Documento de petición de Simancas, presentado en el pleito. Cámara de Castilla. 1517

1 Estas historias se explican bien en dos libros de Mª Luisa Álvarez Juarranz: La villa de Simancas. Su pasado histórico hasta el siglo XI (Diputación de Valladolid, 2005); y Simancas en la baja Edad Media (Editorial Club Universitario, 2016).

Impulsar la mancomunidad: la mano común.

1. Las ciudades no son personas. Dos ciudades. Una al fondo, otra a la espalda. Sigamos con la relación entre Simancas y Valladolid, que comentamos en la entrada anterior. ¿Revisamos los últimos mil años? (¿para qué menos?). Se podría decir que en su momento fueron, o casi, dos ciudades hermanas, aunque con distinta suerte. Dos ciudades (del territorio vacceo) que podrían mirarse en el espejo. Pues son (fueron) parecidísimas. Bebiendo las dos del Pisuerga, asentada una en la ribera derecha, otra en la contraria. Una en el valle, otra en el cerro, pero las dos con su primitiva iglesia románica (de ambas se conserva casi solo la torre, y las dos torres son muy parecidas: mellizas, no gemelas). Que tuvieron un alcázar, ya perdido en los dos casos. Y un palacio junto al río, también desaparecidos (el del mirador, el de la ribera). Las dos con su obispado (Simancas: del 952 al 974; Valladolid, mucho más tarde: desde 1595).

Y la una y la otra fueron dejadas en la estacada por otra agresiva ciudad de incipiente desarrollo. Si bien Valladolid está en las dos jugadas. O sea: donde las dan las toman. Sentido y sensibilidad. Y, para más inri, el héroe de una era el villano de la otra. (O del papelón de Pero Ansúrez: impulsando una, hundiendo a otra). Pero, pero… ¿de verdad podemos verlas como hermanas mal avenidas? El choque no acabó con Pero. Después de Ansúrez, aumentó la colección de agravios de Valladolid hacia Simancas. Alfonso X degradó a esta última (por razones inconfesables) a simple aldea, dependiente de la primera. Y las dos vivieron una larguísima controversia, hasta 1562, en que Simancas recuperó la condición de villa: 317 años después.1

Portada del libro de Isaiah Berlin, recopilación de sus textos sobre el nacionalismo (2022). Sostiene Berlin que “si la humanidad se aniquila a sí misma, lo hará mediante el estallido de la violencia nacionalista y no de la violencia social”.

Entre esos campos corre una línea que separa los términos de Simancas y Valladolid.

2 Alexis de Tocqueville habla del “patriotismo irritable”, del “orgullo irreflexivo”, de “una suerte de religión” (en La democracia en América, 1835-1840).

3 Citas de Marta Álvarez del Pastor e Íñigo García Odiaga, “Borrar lo invisible”, en Fronteiras. Escritos y Proyectos de Arquitectura, Paisaje y Territorio (Málaga, Associaçao Ibérica para a Inovaçao, Património e Cultura, AiPAC, 2018), pp. 20-21.

4 Helena Béjar: “En segundo lugar, está el patriotismo de la Ciudad, es decir, de una comunidad cívica comprometida que se desarrolla con ayuda de las buenas leyes y crece con la práctica de los derechos”. 

Pero no viene mal recordar, en estos tiempos de nacionalismos perversos, que las ciudades no son personas. Ni animales, ni vegetales. Son cosas. Porque verlas como hermanas, como seres vivos que sienten y padecen, trastorna el pensamiento. Y así se dice, a veces, por ejemplo, que “Valladolid se merece…” lo que sea. Pero ver cualquier territorio como persona lleva a un “patriotismo irritable”, herido, un ultranacionalismo patriotero (una suerte de religión). Algo muy distinto al natural afecto por la tierra y la gente próxima. Un «instinto vago que se confunde con el amor por las costumbres antiguas, el respeto por los antecesores y la memoria del pasado».2

2. Dos tipos de patriotismo. Ver a las ciudades (o a las regiones, o a los países) como personas enfatiza unas fronteras que realmente no son nada. Líneas tantas veces invisibles, que “solo se hacen presentes por sus consecuencias”. Líneas que tantas veces son solo legibles con la ayuda de un plano entre “las azarosas geometrías de los cultivos a izquierda y derecha”.3 Y así, conscientes de lo artificial de las fronteras, se abre paso el “patriotismo de ciudad” (Béjar),4 asentado en instituciones civiles, prácticas, funcionales. Y que, para el mejor cumplimiento de algunas de sus competencias, parece razonable que excedan del término municipal. (O que, también, cuando proceda, se centren en ámbitos menores, a nivel de barrio, por ejemplo).

En gris, el área metropolitana de Basilea (730.000 habitantes). Como se ve, integra territorios de Suiza, Francia y Alemania, en un espacio transfronterizo con una intensa interacción administrativa, donde “los límites políticos se difuminan en la vida cotidiana”. Ver C. Sohn, B. Reitel y O. Walther, “Cross-Border Metropolitan Integration in Europe (Luxembourg, Basel and Geneva)”, SSRN Electronic Journal, 2009.

Unos tanto y otros tan poco. No ya transfronterizo: ni siquiera transmunicipal. A la izquierda, el nuevo Plan Parcial del sector 5 de Simancas (258 viviendas, 2021), actualmente en construcción, diseñado al margen de lo que suceda al otro lado de “la raya” del término municipal. A la derecha, el proyecto del Área Homogénea 7, de Valladolid (16.000 viviendas, anulada por el Supremo en 2016), que también iba a lo suyo: a llenar de manzanas y viviendas todo el espacio disponible, sin considerar, para nada, no solo una ordenación razonable, sino ni siquiera coherente con lo que sucedía al otro lado de la raya. En fin.

5 Aunque se ha exacerbado en los últimos años, un texto de 2010 ya lo anunciaba: José Norberto Uzal Tresandí, “La vuelta de las áreas metropolitanas” (REGAP: Revista galega de administración pública, nº 40). Para Barcelona, más reciente: Paola Lo Cascio, “La hora de la Barcelona metropolitana” (El País, 19 de abril de 2025).

6 Una curiosidad: «Los españoles son de los que más competencias quieren ceder a la UE… en sanidad, inmigración o ejército europeo». Entrevista a Jesús Carmona, Director de Medios del Parlamento Europeo (20minutos.es, 13-12-2021).

7 Por seguir con Barcelona, entre las múltiples competencias del AMB están las de “política de suelo y vivienda”, que se establecen “por delegación de los municipios metropolitanos”. Ver https://www.amb.cat/s/es/web/amb/la-institucio/competencies.html

8 Recordando lo evidente: “El precio de la vivienda ha hecho que casi 60.000 personas se vayan al alfoz en dos décadas”. (El Día de Valladolid, 19 de enero de 2016).

3. El retorno de las áreas metropolitanas. De ahí que parezca lógico el denominado “retorno de las áreas metropolitanas”.5 Como en Barcelona, Vigo, Asturias… Y que parezca igualmente razonable reforzar las instituciones supramunicipales donde ya estén constituidas. Cediendo competencias, por ejemplo, a las mancomunidades. Con generosidad. ¿Alguien ha dicho generosidad? En absoluto: si ni las ciudades ni los municipios son personas no tiene sentido hablar de su generosidad. Se han de impulsar esas cesiones para cumplir mejor los objetivos de lo público con que se crearon. Alentando políticamente las instituciones comunes con competencias adecuadas.

Y así, al igual que los estados deben ceder competencias a Europa por eficiencia,6 las ciudades deberán hacerlo, por lo mismo, en favor de las áreas metropolitanas o (mejor este término) comarcales. Ya se habló, en el post anterior, de la movilidad, pero también podría plantearse una política común de vivienda, por ejemplo.7 Si el mercado de la vivienda es comarcal,8 ¿por qué no han de serlo las políticas? Es evidente que habrá que ampliar los contenidos, reforzando la institución supramunicipal, para todos los asuntos (que, como vemos, son muchos: muchos más de los que actualmente se contemplan), cuya lógica sea metropolitana (o comarcal).

Esquema de los municipios integrados en la MIG de Valladolid y alfoz. Procedente de V. Vela, “Valladolid quiere estrechar los lazos con su entorno para prestar mejores servicios” (El Norte de Castilla, 28 de marzo de 2018).

Foto del J. Corominas y J. A. Pascual, Diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos, 1980.

9 Actualmente la MIG de Valladolid, que tanto trabajo llevó constituir (después del intento de la Comunidad Urbana de Valladolid, CUVA). La Mancomunidad de Interés General de «Valladolid y Alfoz» incluye a 25 municipios (412.000 habitantes), para la planificación conjunta y la colaboración en áreas de interés común. Entre 2015 y 2023 esa entidad ya puso en marcha una serie de iniciativas comunes, y se inició un Plan estratégico de desarrollo.

4. La Mancomunidad. En Valladolid, reforzando la MIG, que tanto ha costado constituir.9 La Mancomunidad de Interés General de «Valladolid y Alfoz», que incluye a 25 municipios (412.000 habitantes), se presenta como extraordinariamente útil para la planificación conjunta y la colaboración en tantas áreas de interés común, como ya se vio entre 2015 y 2023. Una entidad diseñada para la prestación conjunta de servicios públicos, que casa mal con ninguna mística nacionalista. Solamente útil para la población.

No está de más concluir recordando de dónde viene ese término tan curioso: mancomunidad. Una palabra antiquísima, que está aquí desde el siglo XIII, y que procede de mano y de común. «Mancomún» se compone de «mano» (relacionado con la idea de unión o cooperación) y de «común» (lo que se convive). Mano (que integra) y común (que comparte). Mancomunidad es una buena palabra. Asociación de entidades para fines comunes. Por eso sugerimos una MIG reforzada: para atender mejor a lo que se reclama para la población de Simancas y de Valladolid. Y de los demás municipios de la comarca. Que reclaman un patriotismo de ciudad, difuso en el territorio, concreto en los derechos.

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