
Fotograma de Perfect Days (Wim Wenders, 2023). Dentro de la mini-camper azul, al entrar a la ciudad, se escucha la música del reproductor de casetes (min. 53:30).
Scalextric (Jane Jacobs y Wim Wenders)
1. La cámara se mueve, con suavidad, pero a ritmo. Jugando con el alejamiento del coche (hacia la derecha), o el de la camioneta (a la izquierda). Porque en las películas de Wim Wenders el espacio se valora (aquí, allá) en movimiento. Algunas parecen, por momentos, películas de carretera. En El curso del tiempo se persigue al automóvil hasta llegar al agua (a la derecha). Y en Perfect Days (“una película de carretera dentro de Tokio”) la cámara acompaña a la camioneta azul, a través de los interminables pasos elevados que atraviesan el centro urbano (hacia la izquierda).
2. Ahora, quien se mueve es Jane Jacobs. Caminando, a paso lento (pero a ritmo), en la calle, encabezando una de las muchas protestas de “solo madres”. Así se dice que las calificaba despectivamente el power broker Robert Moses, el gran jefazo (entre 1924 y 1968) del urbanismo neoyorkino. Ahí la vemos, en Citizen Jane: Battle for the City, denunciando las “autopistas que destrozan las grandes ciudades”. Cuando las mujeres no eran bienvenidas en esos ambientes, Jacobs le ofreció a Moses “la oposición que esperaba”. Porque “si sabes que una autopista va a ser una cosa estúpida, lucha contra la autopista”.
3. Un juego de niños. Se llaman scalextric tanto los pasos elevados, para coches, levantados en medio de la ciudad, como el juego de carreras, para coches de juguete (escala 1:32) que los niños han venido esperando (en reyes, seguramente), y algunos mayores siguen practicando (en “mega-scalextric”). Los primeros han sido, desde los 70, tanto por inducir tráfico como por resultar agresivos y contaminantes del espacio urbano, muy cuestionados. Los segundos, por la emoción de las carreras, muy deseados. Pero la palabra sigue siendo sinónimo de conflicto. (Tres actuales: Puente de Vallecas en Madrid, Costanera Norte en Santiago de Chile o Lower Hobson en Auckland).
4. A Jacobs le gustaba hablar de casos concretos, de ciudades determinadas. Los Ángeles, Boston, Chicago, Nueva York. Y de cómo en ellas, “cuanto más espacio se concede a los automóviles, más se estrangula la gallina de los huevos de oro”. Adelantó una forma de ver las cosas, de ver el urbanismo, las ciudades. Adelantó, por ejemplo, la tesis de lo que luego se llamó “evaporación del tráfico”:·el efecto derivado de la supresión de determinadas infraestructuras, por el que los automóviles que antes las cruzaban, decía, “desaparecieron en el aire, se esfumaron”. Y daba cuenta de esa bendita desaparición.
5. Asegura Wenders que Tokio es una ciudad perfecta para conducir, “especialmente en esos caminos elevados, que te dan una perspectiva increíble”. En efecto, así es Tokio. Para empezar, la motorización de la ciudad es muchísimo menor que en las grandes ciudades occidentales. Y así, pasas por las autopistas y no eres consciente de que discurren junto a las viviendas. Parece que están integradas, no te das cuenta. Unas infraestructuras que tienen, incluso, sus forofos, que dan cuenta del buen discurrir.
6. Son propuestas distintas. Distintos lugares, incluso diferentes siglos. Pero eso sí. En un paisaje para el que se requieren menos coches, hay un fondo de lo que transcurre, tanto en las películas de Tokio como en las protestas de Nueva York, que las acompaña y vivifica. Que acoge los recorridos madrugadores de Hirayama (reír, llorar) o el despertar del “Wha?”. Hablamos de las casetes de Lou Reed o de The Animals (“The House of the Rising Sun”, min. 0:06:00), u otras, como la de Nina Simone, al concluir la película (“Feeling Good”, min. 1:57:00). Todas ellas se escuchan en la mini-camper azul y también se cantaban, con seguridad, en las calles de Nueva York de 1964. Está claro: larga vida a las casetes de los 60.