Un fin de semana en La Grand-Place de Bruselas dedicado a las cervezas belgas. Imagen procedente de https://www.brussels.be/belgian-beer-weekend

Urbanismo aburrido (como la vida misma)
A veces se dice: esta ciudad es fea. O este barrio. Pero “consuélate con el hecho de que ser feo es al menos mejor que ser aburrido”, asegura el youtuber Hannes Coudenys. Qué tristeza con la maldita “enfermedad de Occidente” (y de Oriente, por supuesto). ¿Puede hacer algo el urbanismo para conjurar, atenuar, o incluso hacer operativo, funcional, el aburrimiento?
Digamos que no es lo mismo resultar aburrida una ciudad para quien la vive que para quien la visita. Pues estos últimos (llamémosles turistas) puede que lo lleven puesto. Quizá, detrás del afán viajero, pretendan atenuar un aburrimiento existencial, que no se cura “mudando el cielo, pero no el alma”. Esto decía Séneca: “¿Te asombras de que no te aprovechen los viajes cuando vas contigo mismo a todas partes?” Además, aunque haya encuestas de turistas que otorgan a Bruselas el curioso título de ciudad más aburrida del mundo, con su arquitectura, “difícil de procesar por la mente humana”, está, por el contrario, rendida a la riqueza y complejidad de su cerveza. Y por tanto, el visitante siempre tiene algo con lo que consolarse. Centrémonos entonces en los residentes de los barrios aburridos.


