
Imagen: procedente de otra entrevista al mismo autor, de 2023, esta vez publicada en https://www.youtube.com/watch?v=UHQnEj-fNDw
“¿Y este chico de qué vive en Lesbos?” Comentar los comentarios.
En realidad lo escriben sin acento (“de que vive”), pero qué más da (o que mas da). Lo importante es la bilis. Que las noticias, informaciones, opiniones o entrevistas vayan acompañadas de la correspondiente ración de enojo, de mala hostia, que habitualmente aportan los comentaristas en los foros web de los periódicos. A pelo, prácticamente sin moderación. Pues aunque se supone que, con esta práctica, iniciada hace un par de décadas en la mayoría de los medios digitales, se trataba de abrirlos a la participación y al debate, lo cierto es que en esos espacios no se suele tratar con mucho respeto a quien discrepa, y casi nunca se aportan argumentos a los debates. Basta con el improperio y la descalificación.
Hay que advertir que, en los medios nacionales más leídos, solo se permite expresar sus opiniones a los suscriptores. Y, al parecer, tan solo el 1% de éstos, o incluso menos, hacen comentarios. Pero son suficientes para crear un determinado ambiente que envuelve la información. Aunque la vista de este conjunto de opiniones también tiene su lado bueno: pues al leerlos, queda bastante claro, por si teníamos alguna duda, de qué va el medio que los publica. De qué van sus lectores más activos, que suelen marcar la pauta del conjunto.
Ayer mismo se publicaba en El Confidencial una entrevista de Ángel Villarino con el abogado vasco Hibai Arbide Aza, autor de Con el agua al cuello (Capitán Swing, 2024). Una entrevista extraña para ese medio, es cierto. En ella se habla de la inmigración hacia Europa, las fronteras, los campos de refugiados y las “devoluciones en caliente”, explicando bien (en nuestro criterio) la situación y las perspectivas. Pero no lo ven así la inmensa mayoría de los firmantes de comentarios (45 al escribir este post).
Por sintetizar. Solo dos o tres del total entran a hablar del tema sin insultos o descalificaciones. Uno dice, por ejemplo, no estar de acuerdo “con algunas afirmaciones”, aunque “desconozco como son las cosas en primera línea”. Otro reconoce que “es un tema complejo”. Son firmantes que aluden a la dificultad de resolverlo de forma simple. Sin embargo, la inmensa mayoría de los suscriptores que han querido ofrecer sus comentarios han preferido ir por el camino fácil y gratificante.
Los hay que aseguran tener más información que el entrevistado, aunque no la aportan. Y por eso aseguran que “Este tío no dice más que mentiras”, o que el tema “Es tan simple como que no cabemos y no tenemos recursos suficientes. Ya está”. Pues ya está. Qué bien. Otros se dedican a vislumbrar el futuro. Y así, alguno se pregunta “a dónde vamos a ir a refugiarnos los europeos cuando todo se vaya a la M”, y otro considera que “Merecemos extinguirnos y que la naturaleza siga su curso”.
También los hay menos creativos, y prefieren seguir con lo clásico. Vinculando inmigración y delincuencia: “Esa hospitalidad de la que hablas es la que te rebana el cuello, majo”. O pidiendo “que los meta en su casa” (el entrevistado, se supone), o mejor aún: “Pues mételos en casa de tu madre”. Algunos parecen más elaborados: “Va Open Arms a buscarlos a la costa del país de origen, son acogidos y se les da una nacionalidad exprés. Luego se les ve en masa pidiendo ayudas y usando servicios, pero es rarísimo ver a 1 trabajando”. Caramba.
Y luego están los excitados con lo woke: “¿Y qué pretende este ser de luz, esta bellísima persona con un corazón así de grande, muy preocupado por los derechos de todos los habitantes del planeta?” Porque, dice otro, “no hay que frenar la inmigración: lo que hay es que frenar a los progresistas”. Evitando, concluye un tercero, “un buenismo inmigratorio suicida”. En definitiva: qué mal el wokismo.
Pero acabamos este repaso con los que se centran en desacreditar al autor de la entrevista (“Agradecería a El Confidencial que el Angel Villarino no cobre de mi suscripción”). O directamente al entrevistado. Uno: “Este activista antisistema debería darse una vuelta por ciertos barrios de Madrid, je je”. Dos: “Otro zurdo que se hincha de darle a las drogas duras y a todo lo que pilla”. Tres: “Ha sido ver la foto y es que no falla…”. Y, ya puestos, cuatro: “Y este chico de qué vive en Lesbos? Ah, que sin historias terribles que nadie puede probar tendría que trabajar”. Como vemos, simpatía a raudales. Y, sin embargo, es facilísimo saber de qué vive “este chico”. Basta con entrar en cualquier buscador. Pero… ¿será demasiado trabajo para nuestro “chico” comentarista?